Tengo un par de hijos lejos de la Casa del Mango. La única certeza que conservo es el criterio que se formaron como adultos que son. Que mis enseñanzas o mis puteadas los hicieron capaces de tener en cuenta que nada es como dicen.

Después de tanta pandemia y tanto leer y escuchar noticias verdaderas y falsas, nos encontramos con la realidad diaria que nos confronta con la adversidad provocada por un virus que demuele seres humanos y muchas formas de vida económica.
Más allá de los síntomas que se presentan o no en cada persona, estamos todos contagiados del mal o de las circunstancias.
Hoy pensé muchas cosas, como todos los días. Que hacemos lo posible por estar vivos y no hay novedad en eso, sino que estar vivos había sido mucha cosa. Estar vivos y sanos es un privilegio que no todos entienden o asumen o gozan. Que no hay plata que alcance, ni seguro de salud que te lo cubra. No lo tengo y no me arrepiento de eso. Lo intenté el año pasado y pensé que la enfermedad no puede ser tan terrible como la de sufrir por pagarlo.
Constaté que somos iguales ante el azar del contagio y las posibilidades de sobrevirlo.
Otra vez, como a diario, recuerdo a mi abuela Nemesia y a mi abuelo Vicente, que en diferentes circunstancias, fueron sobrevivientes de la «peste española».
Solo debemos cuidarnos. Como dijo un médico beniano, estamos frente a un virus que como otras enfermedades, se propaga por la cochinera. Jatupearse de jabón desde el pelo hasta los pies, cepillarse los dientes varias veces al día. Si es posible, hacer gárgaras con bicarbonato. Y al salir de compras mejor llevar la bolsa o el carrito propio, evitar bolsas de la venta o del super y al llegar a casa lavar todo con una gotita de lavandina. Evitar el contacto humano con el exterior. Parecieran cosas de otro mundo pero no son más que las previsiones que de chicos nos enseñaron padres y abuelos.
Lo elemental a lo que muchos dejaron de darle atención dejándose llevar por las maravillas del mundo posmoderno.
Antes de esperar la vacuna milagrosa, sepamos ser humildes y volver a nuestros ancestros. Nada de lo que nos dejaron y enseñaron fue inútil ni pasado de moda.
Ellos lo vivieron y lo practicaron. Es más, nos lo inculcaron y creímos que era obsoleto en un mundo de soluciones tecnológicas, a distancia y a punta de influencias de la felicidad comprada en escaparates y enlaces hacia el futuro.
Somos lo que somos, humanos. 
Vean un poco afuera de la ventana y de la pantalla. El sol sigue saliendo, los fenómenos naturales persisten y la Naturaleza recupera territorio y ambiente, gracias a que estamos fuera de ella. 
Las lecciones son enormes y varias.
Sin respeto y colaboración, el mundo que tenemos, el que nos quedará después de la trágica historia que vivimos, nos dará, si le cabe, otra oportunidad mostrando que la economía que vivimos como normal no lo era y que la normalidad es la situación en la que estamos. Humanos, ubiquémonos. Somos el principal virus, declarado un peligro para la subsistencia de la Tierra, planificado o no por fuerzas ocultas de cometer genocidio con los demasiados que habitamos el Planeta.

Día 15 de cuarentena local, 12 de cuarentena nacional y 24 de la confirmación del primer caso de coronavirus en Bolivia. A 8 km. de distancia, nos extrañamos todos.

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