Las expectativas que nos hacemos de los demás son eso: expectativas. A diario vivimos expuestos a los desengaños por crearnos creencias e ideas sobre los demás. En política, dejemos de hacernos ilusiones. No hay magos ni predestinados sino apenas seres humanos, como nosotros, con diferentes propósitos, intenciones, capacidades, equipos y organización.

Más peligrosa se nos hace la expectativa aún cuando, sin argumentos ya que esgrimir, ponemos a Dios al medio. Como si el Dios de mi fe fuera el mismo o distinto al Dios de la fe del otro. O a su innato derecho a no tener fe en ningún Dios. Se torna peligroso porque la creencia en el poder de un ser divino está en la intimidad individual de cada persona. Y Dios nada tiene que ver al momento de elegir en quien confiamos ante una papeleta que abrimos un día de elecciones, elecciones subrayadas, para elegir entre varias personas de carne y hueso que se ofrecen a conducir a 11 millones de personas en la organización y la administración de un Estado y nos ayuden a vivir pacíficamente entre todos en paz y con el menor desamparo posible.

¿Faltó Jeanine Añez a su palabra? El 12 de noviembre asumió un cargo abandonado, del que depende un Poder del Estado y la administración de un país presidencialista. Juró pacificar el país, propiciar la elección del Tribunal Electoral y garantizar nuevas elecciones. Como política y mujer de palabra cumplió su promesa en un escenario adverso y en el que todos teníamos miedo de lo que podía pasar. ¿Pensó alguna vez en sus 9 años de senadora ser presidenta? Claramente, no. La historia la puso en un lugar que no buscó y esas eran las circunstancias. 

¿Faltó Luis Fernando Camacho a su palabra? El 4 de octubre asumió su decisión de invocar al juramento colectivo de hacer respetar el voto y que se cumpla la Constitución, incumplidos desde el 21 de febrero de 2016. Como cívico y hombre de palabra cumplió su promesa en un escenario adverso y en el que todos teníamos miedo de lo que podía pasar. ¿Pensó alguna vez en proyectarse como candidato a Presidente? Probablemente en aquellos 21 días, no. La historia lo puso en un lugar que no buscó y esas eran las circunstancias.

¿Faltó Carlos D. Mesa a su palabra? El 6 de junio de 2005 asumió la decisión de renunciar a la Presidencia constitucional de Bolivia. Los conflictos lo superaron pero más aún el desamparo a la democracia que provocó un Congreso que le dio la espalda. ¿Pensó alguna vez en proyectarse como candidato a Presidente? Claramente, no. La historia lo puso en un lugar que no buscó y esas eran las circunstancias.

La palabra empeñada se fundamenta en principios y también en compromisos en circunstancias dadas. No somos dioses, sino seres humanos expuestos a ellas. La medición de las circunstancias nos colocan a diario en la elección de decisiones, sin que por ello estemos faltando a principios. La palabra dada no es eterna, sino ajustada a su cumplimiento en las circunstancias dadas. 

Jeanine Añez dijo que no sería candidata antes de cumplir la palabra empeñada.

Luis Fernando Camacho dijo que no le interesaba la política ni que buscaba ser candidato a nada antes de cumplir su palabra.

Carlos D. Mesa dijo que no sería candidato y las circunstancias lo llevaron a que su “falta de palabra” lo hicieran destinatario del “voto útil” que desencadenó los hechos dramáticos del 20 de octubre y protagonista del final del 11 de noviembre. 

La democracia, endeble y llena de esperanza, trazó con la convocatoria a elecciones libres, limpias y transparentes una nueva posibilidad para todos, excepto para los que violaron su juramento constitucional y los que incumplen los requisitos establecidos como regla básica de la CPE.

¿Quiénes faltan a su palabra? Los tres, visto si se quiere desde la perspectiva de que no lograron la unidad de un solo frente que muchos reclamaban.  O ninguno, visto desde el punto de vista de que la democracia que tenemos que aprender a vivir y a respetar nos obliga a formarnos para entender de qué se trata.

Otra vez las expectativas confrontadas con la realidad. 

Que Jeanine dijo que no sería y que la unidad pretendida no fue posible. Que Luis Fernando dijo que no utilizaría el movimiento cívico como trampolín político y que el pueblo lo pide. Que la segunda vuelta robada a Carlos fue producto del voto y que el pueblo volverá a votarlo. Todos tienen el derecho y todos están habilitados por la Constitución.

Dejemos de cuestionar “la falta de palabra” como argumento de confrontación, de desprecio, de insulto. El mundo cambia y las circunstancias también. La palabra dada tiene su término, prescribe con las circunstancias, si es que éstas se modificaron, e implica nuevos acuerdos. Es la historia de la humanidad, no del Olimpo, del Corán o de la Biblia, que también tienen sus bemoles (y grandes bemoles).

Salgamos del pensamiento limitado a las expectativas que se confieren a los héroes, a los semidioses, a personas que tienen una vida como la nuestra y que aspiran, con toda legitimidad y legalidad, a un país maltrecho por malos gobiernos y por malos ejercicios de ciudadanía. 

Asumamos nuestra palabra dada de defender la democracia, defendiendo el derecho de todos a participar y a elegir. Esa palabra empeñada sí es imprescriptible. 

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