Caminar es uno -tal vez el único- de los actos más libres del ser humano. Y uno de los más éticos, estéticos, placenteros y nutritivos.

Caminar moviendo un pie un paso y luego, el otro, el paso siguiente. Caminar nos traslada en cuerpo y esencia de un lado a otro. Caminar, sin el apuro de la competencia ni la premura del encuentro, el trámite o la obligación, sin otro propósito que ir, libera el ser que nos toca descubrir dentro nuestro.

Caminar el mundo, empezando desde el lugar que estamos, por la cuadra del barrio en la ciudad, la calle del pueblo un poco más allá, los senderos que nos alejan del mundo urbanizado y nos compenetran con los espacios naturales o los campos cultivados; trepar y descender; andar sin otra prisa que la del paisaje; detenerse y emprender; acompañar al sol y pernoctar con la luna o andar con ella y descansar en la siesta a la sombra del fulgor del sol; caminar y sorprenderse y aprender… reaprender.

La escuela nos ha enseñado a obedecer y a ser iguales tuercas de ajuste de un sistema que nos heredan sin preguntar, a competir por la mejor nota, obtener un título tras otro y sentirnos satisfechos por el deber cumplido, a repetir sin chistar.  Hemos aprendido a renunciar a la libertad por lograr objetivos numéricos y materiales, y sin el propósito íntimo y con la comunidad. Estamos a tiempo de renunciar a lo aprendido y volver a empezar.

Estas postales que comparto son algunas de las impresiones, anotaciones, imágenes, sensaciones y reflexiones de mi camino por el mundo. A lo largo de mis vidas, intuía que el único camino era el propio y no me equivoqué tanto como pienso que sí me habría frustrado decidir por los más fáciles, los más cómodos, los establecidos, los obligados.

Ahora que lo sé con más certeza que antes y animada por tantas personas que me escriben o me preguntan al encontrarme, afirmo que caminar es echar a volar con las alas de la intensa pasión de vivir a conciencia el presente, el hoy: no como si fuera el último día, sino con la curiosidad y la alegría del primero.

Andar hace bien. Como escuchar música, pintar, meditar, leer y escribir, también. La cuestión es moverse, no quedarse quieta y estrecharse una misma con la vida real.

Hoy se vive.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *