Anoche Toby dormía así de agradecido de refrescarse sobre el poquito de jardín humedecido con el agua rociada de la manguera para que no mueran las plantitas. El agua es un bien escaso en la Chiquitanía. La sequía extrema trasciende la tierra y durante el día se percibe en la atmósfera con calor sofocante, como si te apuntaras con el aire de una secadora de pelo.

Es inimaginable lo que sufren los bomberos en la línea de fuego. Sólo quien está ahí lo puede describir. 

3.000.000 de hectáreas convertidas en brasas como las de la fogata de San Juan, donde no saltan de una y festejan, caminan fundiendo las suelas de sus chinelas o de sus zapatos con las plantas de los pies. Inhalan y exhalan monóxido de carbono, una y otra vez. Descansan sobre un trapo en las cenizas. Ellos no tienen la buena suerte de Toby. Se les derrite hasta el alma pero su espíritu y su voluntad son de una entereza nunca vista durante tanto tiempo, en tantos lugares de la Chiquitanía y del país.

2019 El año del incendio de la Chiquitanía.

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