2 de noviembre, día de los difuntos

Intuiciones, lecturas y escrituras

Cuando digo que sólo tengo dos ojos, dos oídos, dos pies, dos manos, una boca y una cabeza para 18 pestañas abiertas, no me refiero a las ventanas de la pantalla de la computadora únicamente, sino al montón de cosas que se me presentan cada día e intento poner en algún archivero, para no morir sepultada y más bien resolverlas o sortearlas, según venga la mano y la posibilidad. Y no exagero.

Tengo estantes, carpetas, cajones, cajoncitos, cajas, baúles, álbumes, archivadores, cuadernos, libretas y agendas en mi pequeño ropero, mis bibliotecas y el escritorio, atestados por ellos, aún cuando en esos arranques de desapego y desprendimiento de lo que ya se fue, no es o le hace más falta a otros que a mí, me deshice de tantos libros, papeles, archivos, borradores, textos, revistas, suplementos, videos, entrevistas, programas y tanto trasto.



Ultimamente pinté la pared negro pizarra y me entretuve con tizas de colores dibujando las letras que describen mis empeños laborales, mis producciones intelectuales, mis ocurrencias, mis aprendizajes. De las 18 pestañas, 10 aparecieron de desempolvar y soñar publicaciones y escritos que logré empezar a organizar en categorías virtuales para dejarlas impresas en los algoritmos desconocidos de la gran nube.  Aquella gran nube a la que ha arribado la tecnología y el ingenio humano hasta que las llamaradas del sol, los tráfagos y los huracanes, las inmensas olas de las que son capaces los mares, derriben de su ningún lugar en el mundo.

Las intenté en igual número de blogs, posiblemente. Desparramados. Como cada uno de todos mis empeños. Hechos a mano, personalísimos, a pura intuición, sensación y percepción, a puro prueba y error, a puro leer y aprender, a puro mirar y ensayar, a puro hacer y hacer y hacer, como buena migrante que heredó las capacidades de siglos de supervivencia, que no conoce otra forma de ser libre que el amor, el compromiso y la lucha. El amor a Dios y a la vida, el amor a los hijos y a la familia, el amor a los dones y a las oportunidades, a los desafíos y a los propósitos, a las responsabilidades y a los asombros, el amor a las ideas y a los otros, el amor a servir y ser consciente.

Y el compromiso y la lucha, los únicos medios de ser buena misionera, buena peregrina y buena militante. Mujer que ejerce.  Yo misma. Madre y abuela. Hija y hermana. Compañera. Que siente y existe, que piensa y resiste. Poeta. Transgresora. Vanguardista. Ensayista. Periodista. Relacionista. Política. Confesora. Crítica. Secretaria. Telefonista. Escritora. Activista. Muchas vidas pasadas en una sola vida. A puro pulmón y poniendo la frente, la sonrisa, el pecho y la pluma.

Mis medallas están grabadas en cicatrices de parto, de cuero bajo la piel, de ojos que ven más allá de lo que se muestra, de oídos que escuchan más allá de lo que se dice, de intuiciones que me salvan, de dudas que crecen con el conocimiento, de certezas que se afianzan con los años, de arrugas de tantas risas, de ojeras de tanto llanto. Mi premio mayor, dentro de lo posible, es mi estado de loba esteparia. Irrenunciable y dichoso.

 



Reúno ahora en este blog que hizo Hijo Ig hace dos años, todos esos intentos que empecé y desperdigué en el ningún lugar de la nube e incluso eliminé por desuso o desconfianza en este universo que es internet, tan extraordinario para las búsquedas positivas, los encuentros, la curiosidad, lo mejor del ser humano, y tan deleznable para el daño, la mentira y la falsedad, lo peor de la miseria humana, nada más y nada menos que el fruto del cerebro real humano.

El rediseño es parte de esta nueva etapa que surge naturalmente después de trabajar y de disfrutar en la obligada y fascinante migración digital que elegí para no quedarme atrapada en la ignorancia que impide a una generación fracasada enterarse, darse la posibilidad de vaciarse de conceptos equivocados y consignas sin futuro para reaprender y apoyar a las nuevas generaciones desde la innovación. He podido de esta manera aportar con mis pensamientos, mis experiencias, mi sentir y mi percibir, a que mis logros personales hayan sido debidamente devueltos con creces, como lo dicta mi espíritu justiciero y solidario, a mejorar las oportunidades de muchísimos que no me conocen ni conozco pero que sé que están mejor que mucho tiempo atrás.

Los estantes de archivo del blog, las categorías como se llaman en estas páginas virtuales, son como galeras de mago, como ha sido y es mi vida, llena de sorpresas, de imprevistos, de banderas plantadas en cimas alcanzadas, de frustraciones también pero que orgullosamente -como buena vasca- motivaron volver a empezar las veces que hizo falta, hasta transformarlas en resultados logrados.

 



He aquí mis “Intuiciones”…

Versos y textos manuscritos y poemas grabados en los sentidos.

 

Ocurrencias personales en las comarcas de Twitter, Instagram, Facebook, Google+, Pinterest, LinkedIn, Tumblr, que visito.
No veo tele hace 13 años así que procrastino todo lo que puedo, como se debe.

 

Es mi lugar en el mundo, donde confluyen mis momentos y mis experimentos, mis libros y mis seres queridos, humanos y perrunos y gatunos, mis sueños y mis alegrías, mis quehaceres, mis golpes y mis versos, bajo la sombra del enorme árbol que testifica desde hace 50 y me acompaña desde hace 20 años.

 

Resido en Santa Cruz de la Sierra, ciudad que enamora, hace cuarenta años. Allí radica mi hogar cerca de mi familia inmigrante y formé la propia. Allí fui parte de la historia de sus últimas cuatro décadas. Lo soy. Le debo más aún.

 

He aquí mis “Lecturas”…

Los 365 días del año nos señalan además del mes y el número, una fecha especial que destaca un valor que nos une como humanidad. Que valga para impulsarnos a ser mejores personas.

 

Punto G es mi punto de vista, mi lectura acerca de la realidad que nos rodea y el nombre de mi espacio editorial en la revista Piedra Libre y mi columna de opinión quincenal en el periódico boliviano La Razón.

 



Y he aquí mis “Escrituras”.

 

Crónicas y perfiles, notas de viaje e historias vividas que me falta contar desde mis ojos, mis sensaciones, mis intuiciones. Vivo en los sitios que son parte de mi vida: La Plata, donde nací, viví mi infancia, inicié la adolescencia y donde viven mis amigos más entrañables; Santa Cruz de la Sierra, la ciudad que enamora, que me cuida y cuido; Santiago de Chile, Buenos Aires, Nueva York, Dublin, La Habana, Holguín, Recife, Río de Janeiro, Barcelona, Tres Arroyos, Santiago de Compostela, Santiago de Chiquitos, Chochís, La Paz, Sucre, Las Cruces, Isla Negra, Iquique, Pamplona, Villafranca, San Sebastián, París, Madrid, Redondela, Porrilño, Tui, Lisboa, Mar de las Pampas, Rosario, Altagracia, tantos sitios que amo, que disfruto, que me adoptaron y adopté.

 

Memorias que hacen falta cuando la historia de las cosas se cuenta a medias.

 

 

Amo el estilo epistolar y la vida me puso en el camino a personas extraordinarias con quienes intercambié cartas que conservo. En estos tiempos que el correo postal quedó prácticamente en desuso, me resisto a abandonarlo y vaya paradoja, quiso el azar destinarme un compañero que me escribe cada mañana hace casi nueve años como si no existieran 3000 km. de cordillera ni días de viaje u horas de avión, entre nosotros. Después de “Cartas de amor con café batido” y “Nuevas cartas de amor con café batido” y en estos tiempos revueltos, “Cartas de amor después de la tormenta”.

 

Cuentos, recuentos y recontracuentos sin advertencias para grandes niños.

 

En unos días, este blog irá migrando como los pájaros y los humanos, mis antepasados más lejanos y mis abuelos, mi madre, mi padre, mis hermanos. Como debe ser. Como soy. Como quiero ser.

Para migrar dejando un poco de lo mejor de una a cada paso, desprendiéndonos hasta conseguir irnos con la misma nada que llegamos, es que venimos al mundo a prepararnos para seguir migrando.

 



Hoy se vive.

3 de septiembre, Día del peatón

Hoy es el Día del Peatón.



Los que hacen deporte, zumba y dicen mal no seas mojón, los medios que desinforman, ayuden a recordar que no tenemos aceras, ni cruces peatonales y las grandes avenidas tienen cada vez más rejas que dejan sin paso ni alternativa a quienes caminan y dan luz verde a la alta velocidad de los vehículos.

Hoy es día de subrayar que hace mucho venció el plazo a los que diseñan y construyen calles, carreteras, puentes y avenidas, que cuando echan cemento para micros y autos, tienen que pensar que están dejando sin ancho de vía pública a quien camina, a quien rueda en silla, a quien anda en bici o en cochecito empujado por sus padres y que esa vía pública es la primerísima que se debe solucionar: lo que quede que sea para las máquinas y no al revés como se ha hecho desde que ochavaron Santa Cruz de la Sierra.

Las aceras también son espacio público, son el espacio de los peatones y hacemos piruetas para sortearlas, nos embarramos, nos empolvamos, nos torcemos los tobillos, nos arriesgamos a ser atropellados si están obstruidas y nos obligan a descender a la calle.

Y hacerles acuerdo también a los pacos y la gendarmería, que andan mirando celulares o estacionados de a montón en una esquina cada kilómetro, que quien camina no es un daño colateral.

Para eso era el Día del Peatón. Para recordar también hoy, que primero es lo primero y los seres humanos nacemos para caminar y movernos con autonomía -vaya paradoja-; el auto es opcional y un arma letal cuando lo conduce cualquiera que cree que se ha ganado algún derecho adicional, como acelerar para intimidarte o mirar con desprecio por la ventanilla.




Nueva York, Santiago, Buenos Aires, París, Santa Cruz de la Sierra…

Si querés andar por una ruta despejada de vehículos a la hora que los fines de semana se están recogiendo los noctámbulos o despidiéndose los serenos o saliendo a trabajar los que no paran porque no pueden o no quieren o no tienen ni feriado que se guarde; si querés ser protagonista de tu propio día diferente en esta ciudad que habitamos, de vivir Santa Cruz de la Sierra la ciudad que enamora rodeado de otros que corren, trotan, curiosean, pasean, aplauden, contemplan o simple y llanamente comparten unas horas distintas como sucede en otras ciudades del mundo cuando llaman a los que corren de todas partes a soñar en grande; si el domingo que viene no tenés planes o los tenés aunque te dé flojera madrugar o si sos de quienes despiertan y no vuelven a pegar un ojo aunque a la luz del día le falte un buen rato para despejar las sombras insomnes…

Estamos invitados nuevamente a la Maratón de Santa Cruz de la Sierra. Como la Maratón de Nueva York, la Maratón de Santiago, la Maratón de Buenos Aires, la Maratón de París o la de Río de Janeiro o la de Boston. Ya pasaron dos años de la primera versión, uno de la segunda y el domingo 20 de agosto se realiza la tercera.  Podés recorrer los 42 km. o la mitad o 10 km. o 5 km. O los que quieras, hasta donde puedas y a tu manera. Ir en solitario, con amigos o en familia a correr, a caminar o a alentar a quienes participan. Mirar pasar, ver llegar. O a encontrarte con quien más esperabas o menos imaginabas.

Si pensás que los que participan te llevan siglos de ventaja en preparación, en condición física, en talento, edad o disciplina competitiva, que no te desaliente ni eches la posibilidad abajo diciendo están locos, es una moda, es para pocos: podemos estar pensando lo mismo. Y voy a ir igual.

La sensación de simplemente estar entre miles que se mueven en una misma dirección sin ser rebaño sino movilizados por un deseo individual y único, cada uno con su objetivo, su historia, su promesa, su alta vara o su sencilla razón o sin ella, atravesando las calles, las esquinas y las avenidas de esta ciudad cada vez más desconocida que habitamos, paso a paso, a pie, al propio ritmo, es reconfortante. Soñar que la ciudad podría ser todos los días parecida a la que se reúne el domingo a las seis y media de la mañana, sin alcohol ni bocinazos ni obligación de por medio, te transporta a vivir un poco tu propia película, a escribir tu página de rebeldía al cotidiano, a inmortalizar en la memoria unas horas donde desplegar piernas y brazos, las tuyas o las que verás con admiración y sorpresa, te da alas.  Respirar y suspirar, caminar, un paso tras otro, suponen el acto más consciente de la mente y el cuerpo al ritmo de la constancia, echar a andar hacia adelante, hasta llegar, o contener las ansias hasta avistar a la distancia tantas almas radiantes, agotadas y triunfantes, lo que más se asemeja a la libertad de volar sin motores, al impulso de tus propias ganas, de tu fuerza, la muscular o la mental, tu avatar…

Yo voy. Mi yo verdadero, el invicto espíritu que da sin arredrarse una tras otra cada batalla, irá feliz de nuevo. Mi espíritu invicto, con sus cicatrices y sus magulladuras, sus 30 gramos de vida y sus muchos bien ganados kilos a rastras, iremos por una nueva hazaña.

Simplemente vamos a hacerlo.