Amanecer

En lo más oscuro de la noche, cuando tus manos a tientas tiemblen, duden, teman, decaigan. Cierra los ojos y exhala. Hasta que el vacío te oprima. Hasta que a tu piel se adhiera dolorosa el alma.  Y entonces, recién entonces empuña el grito silencioso acompañado de la enorme bocanada.

Cierra los ojos a la noche, abre tus poros, tus fosas, las entrañas, y suspira, absorbe, inhala. Que el aire atraviese tu espíritu aterido de patrañas. Que los grillos atenúen al compás del rocío y la brisa de la hora antes de la mañana.

Amanecerle a la noche, como abrir los ojos a la par de erguirse en la mirada, cual faro derramando estelas hacia la luz aquella que sentimos buena en medio del naufragio del parto, deja en el pasado lo que era o no fue, lo que espanta.

Amanecer como conjuro de la vida, es la respiración que nos salva.

 

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