¿Qué será, finalmente, el #coronavirus? ¿Pasará como la «peste negra» de principios del siglo pasado, infectando a millones o a miles? ¿Morirán pocos o muchos?


Desde ayer somos parte de la pandemia global. Otros coletazos, como los de las crisis económicas, otros virus y dolencias, han pasado raspando por el territorio nacional.


A diferencia de 100 años atrás, los medios de comunicación y de contagio se han multiplicado exponencialmente, como también las formas de prevención.


Observamos azorados cómo un país entero como Italia ha sido declarado en cuarentena y por primera vez, en lo que tengo memoria, Estados Unidos toma una determinación drástica como cancelar los vuelos de Europa a Norteamérica.


¿Se defiende el planeta del virus que representamos como especie?


Ayer todo protocolo posible fue violentado por el pánico social impidiendo la atención debida a una persona con diagnóstico confirmado en Santa Cruz de la Sierra. Fuimos testigos delante de la pantalla, viendo como si fuera una película de ficción, de cómo una ambulancia que socorría a la paciente deambulaba de un hospital a otro en nuestra ciudad sin que se le permitiese ingresar a ninguno de ellos.


Lo más fácil fue echarle la culpa al Gobierno, que ayer mismo declaró la emergencia nacional. No vi a nadie ayudando a abrir las puertas que otros cerraban.


Dicen que la primera opción fue el Hospital San Juan de Dios, un hospital histórico y referente de la salud pública nacional, que hace mucho está sobrepasado de pacientes como todos los centros de salud de prestigio logrado por la excelencia de sus médicos. Salvo que me corrijan sus profesionales, no tiene las condiciones para aislar, y menos durante tanto tiempo, a contagiados por este virus violento con personas de la tercera edad o que sufren enfermedades de base, diabetes, autoinmunes, o de personas con las defensas bajas.


En el caso del hospital de segundo nivel o de primer nivel, no tengo la certeza de sus características, traspasado temporalmente por la Municipalidad a la Gobernación para prever y atender la emergencia del coronavirus, los vecinos se resistieron a que esta infraestructura prácticamente para estrenar fuera el sitio para el que fue destinado.
Insólito. Pero son el miedo y la ignorancia los que se han instalado por encima de la racionalidad y cuando la masa está ciega, no entra en razón.
Ud. no es la vecina del hospital de los contagiados, me van a decir. Y yo les respondo que leo, escucho, me informo para hacer lo que instruye el Gobierno en materia de salud porque alguien debe comandar la emergencia y no seré yo ni Ud. quienes vamos a obstaculizar lo que debemos hacer todos.


Una emergencia nacional por una pandemia global no está en manos de las aberraciones de la sociedad, sino a cargo de un comandante en jefe, el plan de acción y los epidemiólogos a cargo.


Gracias a las redes sociales estamos al tanto de que Alemania estima en 70% de población pasible de contagio, que la señora que representó el triste primer caso y episodio en nuestra ciudad se contagió igual que un actor tan querido y respetado como Tom Hanks en Australia o como el escritor chileno Luis Sepúlveda en España y que está en estado crítico.


Pero parecemos estúpidos y que sabemos más que los que saben o que nos vamos a salvar por echar a la muerte, negarle atención, a la primera infectada. El virus permanece latente 9 horas en cualquier lado, en la ropa, en el micro, en el avión, en el crucero, en el hospital. 


Si la mayoría vamos a actuar como estúpidos, quien se tiene que hacer cargo de esta emergencia nacional ya no es el Ministro de Salud, sino el Ministro de Defensa porque si no es con un paco o un milico al lado pareciera que no sabemos comportarnos como seres humanos racionales. 


Como dice Jorge Drexler en una canción que compuso ayer, esto lo vamos a pasar codo a codo, sin tocarnos, con higiene y alentando que si el sistema de salud nunca existió, empiece a funcionar como se debe. Necesitamos más políticos sumándose a la cruzada en lugar de hacerse los expertos de Google dando instructivas y lecciones de internet.


Hoy el rol de los políticos es dejar su perorata barata e ir a abrir esas puertas de los hospitales designados, ofrecer ayuda enseñando casa por casa cómo protegerse y cómo actuar en caso de síntomas, desplegar médicos a controlar la temperatura y el buen estado de las personas mayores, políticos que ayuden a ocuparse en lugar de hacer el show de preocuparse. 


¿Falló el protocolo ayer? Probablemente, seguro que sí. ¿Quién contaba con el rechazo de estúpidos a la atención de pacientes? ¿Se van a dar el gusto metiendo el dedo en la llaga para mostrarnos lo inservibles que fueron los de antes y los de ahora y que alguno tiene una mejor idea que a nadie en el mundo se le ocurrió? Ahí está Italia, en la terrible encrucijada de dejar morir porque no dan abasto.


Mientras tanto un barbijo que hace una semana costaba 90 centavos en cualquier farmacia, hoy cuesta 5 bolivianos. Y el barbijo dura un ratito, su fecha de caducidad es el día de uso.


Pareciera que el aislamiento es la única medida posible hasta que se encuentre en el mundo otro modo. 


Mi nieto de 8 años tiene mejor información que la mayoría de los adultos que leo en las redes, fuera de los médicos y los operadores de la emergencia nacional. Y yo no se la di. Me enseñó cómo cuando la maestra les habló en clases de los cuidados que debían tener, ellos ya sabían antes que mejor es estar al sol, en lugar cálido y lejos de quien parezca resfriado.


Pedir una declaración jurada a los que llegan de viaje es como pedir que declaren que no traen nada de contrabando y el bolso lo tienen lleno de objetos sin declarar. 


Habrá que ponerse firmes como cuando defendemos la democracia y actuar sin contemplaciones ante la estupidez generalizada. Las unidades de terapia intensiva, así hagan lo que hagan, serán insuficientes en todo el país para menos de ¿100?¿200? pacientes graves.


Más allá de cualquier presupuesto monetario, es lo que somos, es lo que hay.


Sin resignación pero siempre en la resistencia.


Ayudemos como mejor podamos, empezando por preguntar cómo.

Una modesta proposición.

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