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Todos tenemos acceso a lo que está pasando en el mundo. La realidad es evidencia de que los gobiernos y los políticos han sido sobrepasados por la virulencia del contagio, que crece exponencialmente. Se trata de otra política, la que impone un virus en un mundo abarrotado por 8.000 millones de seres humanos interactuando a cada momento.

Si China mintió por largo tiempo y pensábamos sarcásticamente que esto les sucedía sólo a ellos, vemos que el virus ha afectado a ricos y pobres, poderosos y débiles, gobernantes y gobernados, sin importar raza, credo, lugar de origen, condición.

No hay otra escapatoria que informarse, abandonar la idea de que a uno no le va a llegar y protegernos cada uno en su hogar dejando que las autoridades hagan su parte de atención a los enfermos, principalmente a los más vulnerables.

Que la pandemia, que ha sacado a la luz lo peor de la humanidad, nos mueva a esparcir lo mejor de nosotros, de cada uno: el buen corazón y las mejores decisiones.

Que los artistas esparzan arte, que los maestros y los docentes esparzan lecciones y tareas por las redes sociales e internet, que los escritores y los lectores esparzan literatura, que los músicos esparzan música, que los cocineros esparzan recetas, que los vecinos emprendedores esparzan su iniciativa en su barrio y así.

Salgamos lo menos posible al espacio público. Si sentimos fiebre o tenemos tos o nos pica la garganta, quedémonos en casa. 

Los bloqueadores del sistema de salud tienen que entender que una persona aislada es una persona menos que contagia y que en aislamiento, finalmente, se va a curar siempre y cuando no tenga otras complicaciones que también merecen la atención médica.

Es muy triste vivir en un mundo con personas cuyo único propósito es lo que le pasa a uno individualmente. Es un sinsentido. Ni qué decir de los que creen en Dios y lo nombran, agrediendo al otro.

Hagamos el propósito de entender que nadie está a salvo pero cuanto más nos exponemos o evitamos que otros sean atendidos, el contagio se expande sin fronteras nacionales ni personales.

¿Quién se rinde?
¡Nadie se rinde!
¿Quién se cansa?
¡Nadie se cansa!
¿Quién se contagia?
¡Quien no se queda en casa!

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