Si la amabilidad de un funcionario público llevara un nombre y la certeza al ingreso de una institución tuviera apellido, serían don Ceferino Álvarez.


El portero de la Casa Municipal de Cultura «Raul Otero Reiche» fue nuestro guía casi 40 años.


Fueras o pasaras por la gran entrada de la institución, después del saludo cordial, él tenía la primera respuesta necesaria.


– ¿Ya comenzó la función, don Cefo?

– ¿Quedarán entradas para la noche, don Cefo?

– ¿En qué sala está la exposición de Fulana?

– ¿Abrirán el sábado, don Cefo?

– ¿Será que si vengo el lunes seguirán los cuadros de Mengano, don Cefo?

– ¿Dónde queda la galería de Perengano, don Cefo?


Lo poco que no sabía de la agenda cultural, te sugería entrar a preguntar a la persona que indicaba con nombre y apellido.

Cuando dejé de tener casilla en el Correo de la calle Junín, comencé a pasar menos seguido por la Plaza Principal de Santa Cruz de la Sierra. Hasta mis 30 años, ya era un clásico que al saludo de buenos días, buenas tardes de don Cefo, yo le acompañara al saludo de vuelta con un «de ida al Correo» o «de vuelta del Correo» como si importara mi trayecto y era porque su sonrisa de asentimiento por ahí era la única que había segura y familiar en ese camino entrañable.


En términos contemporáneos de «branding» don Cefo es una marca registrada, un patrimonio en extinción de la cultura cruceña.


¡Buen viaje, don Cefito! ¡Misión cumplida!

Foto: Fernando Figueroa Solano.

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