Para que conste en acta

El 6 de febrero de 2000, a las 11:00 horas, apreté mi mano contra mi corazón en la Corte Superior de Distrito y cerré los ojos para pedirle a Dios que iluminara ese día gris en Santa Cruz de la Sierra.: después de cuatro años de vivir en una ciudad distinta a la que la gestión del Alcalde Percy Fernández perfilara en 1995, podía ser que un milagro ocurriera y Johnny Fernández no volviera a continuar su indecorosa labor de destrucción de la tierra nuestra.

Johnny Fernández Saucedo, el hijo y heredero del trágicamente fallecido industrial de la cerveza y jefe nacional del partido político que formó y heredó a sus hijos, había demostrado desde 1996 hasta 1999, cómo puede en tan poco tiempo una persona sin preparación académica ni empírica, sin voluntad de servicio, sin interés en el bienestar público y sobre todo con una gran sobredosis de soberbia, de prepotencia, de ambición, de prebendalismo, de demagogia y de cinismo, echar por tierra todo el trabajo que costó encaminar el destino de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra con su millón de habitantes.  Johnny Fernández Saucedo, en sus ratos libres, había fungido como Alcalde Municipal por cuatro años luego de haber recibido el voto condolencia mayoritario de una comunidad sensibilizada por el espantoso accidente aéreo que cobró la vida de Max Fernández Rojas, una semana antes del día de las elecciones municipales de diciembre de 1995.  Guido Añez Moscoso, concejal electo del MIR, y Rolando Aquilera Pareja, concejal electo por ADN, completaron los votos parlamentarios locales que en el Concejo le faltaban al “heredero” para erigirlo Alcalde de la mayor ciudad de Bolivia.
Desde entonces hasta ahora, pasó casi un año. Un año en el que dediqué muchas más de las horas laborables exigibles a leer, a estudiar, a escribir, a escuchar, a pensar, a hablar. Pero sobre todo, a aprender y a dar mucho más de lo que creía que había dado desde otras funciones públicos que antes había ejercido. Fue una experiencia feroz, de hacer escuela, de hacer camino y de hacer testimonio de fe, fe en que es posible cambiar las cosas con honestidad, firmeza, razón, alegría y pasión, con dedicación total.
Es imprescindible cambiar a Johnny Fernández en el cargo de Alcalde para que recuperemos tanto tiempo perdido, la identidad subvalorada, el Gobierno Municipal extraviado.  Por eso, me obligo a este informe a manera de rendición de cuentas, un deber inédito a la fecha pero indispensable de realizar para que los vecinos y las vecinas de nuestra ciudad conozcan qué es lo que sucede en su Gobierno Municipal y qué decisiones se toman en su nombre.
OTROS LIBROS
No Comments

Post A Comment