Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1981) transita la delgada línea de la conciencia y los juegos de la mente, muchas veces perversos y tremendos, a manos de la condición dramática y hasta devenida en trágica del ser humano.

“Nuestro mundo muerto” (Editorial El Cuervo), con los cuentos “Chaco” y “Caníbal” acreedores del Premio Aura es un libro a quemarropa, crudo en lo humano y bello en lo literario, que logra remover la psiquis y las emociones del lector sin posibilidad de quedar indiferente. Cuando la realidad es trabuscada con una cirugía tan precisa como el pulso del relojero en el segundero, la ficción resulta un auxilio menor.

Larga vida a la pluma de Li Colanzi.

Santa Cruz 2061

En 45 años, Santa Cruz de la Sierra cumplirá 500.  Lo único seguro es que no vamos a estar para celebrar el medio milenio con fuegos artificiales y loas a los fundadores, y que el legado de entonces sí será responsabilidad nuestra: De todos y de cada uno de sus habitantes, vivos hoy.



Jatupeando e Investigacruz están desarrollando los fines de semana, por espacio de dos meses, las jornadas de reflexión abierta de los diversos tópicos que hacen al título de este texto. Lo convocaron bajo la premisa de constituir el foro que sigue a las Jornadas Santa Cruz 2000, organizadas hace treinta años por el Comité pro Santa Cruz.



Si a lo largo de 400 años, Santa Cruz de la Sierra se las batió en la más austera soledad, alejada del mundo exterior al menos a 1000 km. a la redonda, sabiendo y dejando saber apenas a través de los diarios y reseñas de los viajeros de paso y los contados cruceños que fueron y volvieron, hoy es producto de su interconexión masiva con el resto del país, la región, América y sus nexos intercontinentales.  Se llenó de intereses e inversiones materiales y, con ellos, también de los problemas del mundo posmoderno sin estar preparada para preservar sus cualidades originales.

 

La planificación prevista por Techint, el Comité de Obras Públicas, el Plan Regulador, Cordecruz, el Gobierno Municipal, sucesivamente, desde mediados del siglo XX, fue un intento técnico incomprendido por la ambición y la ignorancia instauradas en la gestión política en todos los estamentos de poder, público y privado, que subestimaron el impacto del crecimiento demográfico de más del 5% anual previsto para algo más de un par de décadas.



Lo que pudo ser no fue, ni es ni será, en manos de quienes está. La realidad es que mientras un Gobierno nacional predica con discursos socialistas, gobierna con el capitalismo y sus intereses privados, de lucro, desigualdad y ausencia de ética, que le generan los recursos impositivos para pagar la burocracia y el costo de sostenerse en el poder.  Las grandes inversiones públicas provienen, a la usanza de los gobiernos anteriores fustigados por el actual, de préstamos extranjeros con cargo a una deuda enorme y una dependencia política, ya no de EUA sino de China y otros nuevos amigos financieros, tan contradictorios en sus gestiones internas como países, como el gran deudor.  Los principales servicios y la tierra urbana que concentran el 70% de habitantes del país están cooptados por la ilegalidad, la desigualdad e, incluso, por la ilicitud:  ilegalidad cuando hablamos del 80% de pobladores que no pagan impuestos municipales; ilegalidad del abastecimiento de alimentos, transporte y servicios asentados en mercados persas de casi todos los barrios y calles;  ilicitud de la distribución de alcohol en cualquier lado y a cualquier hora; ilicitud de la programación de los medios de comunicación escudándose en la libertad de la información; la especulación inmobiliaria como nunca antes en ningún gobierno neoliberal se ha visto, disfrazada de crecimiento de la construcción y descuartizando el tejido social urbano del barrio vecinal en feudos que encierran a los propietarios y desprotegen al peatón y el espacio público.  Las leyes del libre mercado son la ilegalidad y la ilicitud: frente a eso, las instituciones son el mero reflejo de la sociedad para representar y organizar el laissez faire, laissez passer. 

 

La incoherencia no es de las buenas intenciones de las Jornadas Santa Cruz 2061 o de todos los intentos de Foros sobre Desarrollo Urbano de las autoridades locales o de los Foros Urbanos del Cedure o de los programas a la medida de las encuestas electorales o de aquellas Jornadas Santa Cruz 2000, que pasaron de los enunciados pomposos al anaquel empolvado del olvido. La incoherencia es de todo un sistema fundado en el tener por encima del ser y ejercer. Quien más tiene, más puede.

A las grandes mayorías, representadas adecuadamente a todo nivel, -contradicciones más, contradicciones menos-, lo que les interesa no es lograr un espíritu libre, una mente culta, una razón con ética, un trabajo digno, un servicio que cumpla las reglas establecidas, un sentido de pertenencia, un propósito colectivo, un comportamiento de respeto a los niños, a las mujeres, a todos los seres humanos y a la naturaleza, en general: les importa lo que les asegure lo que quieren tener, a como dé lugar.



En los últimos 10 años, para dar apenas un ejemplo de quienes se quejan de lo público, tenemos 100 nuevos módulos educativos para la educación pública, por un lado, y por el otro, 1000 nuevos condominios de la empresa privada y ni un solo nuevo colegio privado, ni uno solo nuevo, de calidad.



Santa Cruz 2061, Santa Cruz hacia sus 500 años, no sé si va bien o mal, pero decir que es un modelo a imitar, decir que es la locomotora sin igual del progreso, decir que su ley -como nos enorgullecía Rómulo Gómez- es la hospitalidad, por favor:  empecemos por un poco de coherencia, practicando a diario lo que decimos que queremos, sin hacer lo contrario por atrás.

 




2061

 

 

 

 

Columna de opinión en Periódico La Razón. Publicado el 4 de noviembre de 2016. (La Paz, Bolivia)




La Marcha de las Sillas no fue a Río 2016

Aquilino Gutiérrez corre en silla de ruedas. Es un “runner” incansable, presente en cada una de las corridas organizadas desde fines del año 2013, por el preparador físico y profesional en educación física, Marco Ortiz, y en otros eventos similares. Nos encontramos también en la Corrida de Santa Cruz de la Sierra, del Círculo de Periodistas Deportivos de Santa Cruz, y en la primera Maratón de Santa Cruz de la Sierra, donde ambos lucimos orgullosos nuestros números en la pechera: logramos completar los 5 Km.




En agosto de 2015, Aquilino se preparaba para asistir a los Juegos Nacionales, soñaba con los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro y luchaba con el rodamiento de su silla, que se aflojaba mientras movía acompasadamente, veloz y potente, sus poderosos brazos y manos sobre las ruedas que lo sostenían. Cerquita, casi a su lado, lo acompañé en varios recorridos un poco andando, otro poco al trote, pero no lo alcancé. Casi siempre me ganó y cuando la flojera o el cansancio parecían superarme, lo miraba adelante, enroscando la tuerca de la silla sin parar de correr y me inspiraba a seguir hasta llegar a la meta. Felices y campeones de nosotros mismos.

 

Desde el 7 de septiembre, este año, se realiza la tercera versión de los Juegos Estudiantiles de Educación Especial en el estadio Tahuichi Aguilera, en la que participan 315 estudiantes representantes de 28 centros del departamento de Santa Cruz. Compiten niños con diferentes capacidades intelectuales, visuales, auditivas y motoras en las disciplinas de natación y atletismo. Según el Censo 2012, sólo en el departamento cruceño se identifican a 117.194 personas con discapacidades, de las cuales, 11.140 tienen dificultades auditivas aún con audífonos; 10.264 tienen alguna dificultad para hablar, comunicarse o conversar; 13.418 tienen alguna dificultad para recordar o concentrarse.




El 7 de septiembre, vaya casualidad, comenzaron los Juegos Paralímpicos de Río 2016.  Los agitos (en latín, yo me muevo), las líneas curvas verde, azul y rojo representando el espíritu en movimiento, reemplazaron en el Maracaná a los cinco anillos continentales de las Olimpíadas: frente a ellos y a multitudes presentes y en las pantallas del mundo, a través de algún canal de cable e internet, la estadounidense Amy Purdy, sin pies, ni bazo, ni riñones y medio sorda, bailaba con más gracia y arte que la estrella inigualable de la gimnasia artística, Simone Biles. Aaron “Wheelz” Fotheringham nos paralizó con ese coraje de encarar la rampa en su silla de ruedas, saltar rápido, lejos, alto, en medio de los aplausos y las respiraciones contenidas y los mismos espectaculares fuegos artificiales que iluminaron la noche carioca de los recientes Juegos Olímpicos. Me imaginé cayendo y sobreviviendo a esta pirueta extrema. Me hubiera quedado botada de cara al cielo saboreando el instante de gloria, eterno…

 

El mundo entero vio desfilar a las delegaciones de deportistas de cada país, menos a Bolivia. Bolivia no estuvo, no envió representantes, como si no tuviera campeones o a los suyos, los escondiera… o los castigara. Porque tenerlos a menos, los tenemos. ¿Qué sería de sus vidas si no fuera por sus propias familias y los voluntariados que silenciosamente se organizan para hacer lo mejor que pueden?

Aquilino no fue a Rio. Tampoco alguna de las personas con discapacidad que protagonizaron la Marcha de las Sillas, epopeya de más de un centenar reclamando atención del Estado trasladándose a la ciudad de La Paz, desde diferentes puntos del país.  La Marcha de las Sillas superó las adversidades del clima, las dificultades físicas y el encono gubernamental, recorriendo cientos de kilómetros desde el 21 de febrero hasta el 25 de abril y permaneciendo en apronte y vigilia bajo 30 carpas en la sede de gobierno más de 100 días.   Con muertos, inclusive.  Sin lograr los 70 dólares que pedían. Ellos, que no andan si les falta un perno.




Desperté de la ensoñación de la pantalla que transmitía la ceremonia inaugural, donde se lucían los héroes verdaderos reunidos en Río, y evoqué a Aquilino. Pensé en Evo y su rodilla inútil. Moví mi hombro dislocado en recuperación y sentí vergüenza de un sistema político vacío de ideas, insensible, alejado del sentido verdadero del Estado y el bien común.

Los anormales somos nosotros, electores de discapacitados faltos de criterio y de corazón, que debemos respeto y perdón. Perdón por negar un bono ridículo que se obliga sin embargo como doble aguinaldo para otros o Juancito Pinto para la infancia a la que no se le debe regalar dinero. Perdón por ciudades sin puertas anchas, calles, accesos y veredas sin rampas, sin aceras planas y amplias, sin pasos peatonales ni barandas. Perdón por negarles la escuela y maestros preparados para enseñar en las diferencias. Perdón por la ceguera deliberada, la sordera cínica, la conciencia atrofiada. Perdón por la indiferencia, por la hipocresía, por la palmadita y olvidarlos o hacer como que no existen, o peor, despreciarlos, todos los días.  Perdón porque es culpa nuestra, culpa de todos, que los representantes de la Marcha de las Sillas y de los Juegos Estudiantiles de Educación Especial, no estén en Río.




Versión editada y publicada en el periódico La Razón
Versión editada y publicada en el periódico La Razón

Los otros mineros, los cruceños del río Piraí

8000 permisos de quema son los que autorizó la ABT.

Póngale una quema por superficie de montes y bosques de una a 10 hectáreas: son 40.000 hectáreas incendiadas con permiso oficial.

 

Ahora multiplique por los que no tienen permiso.  Algo así como la relación entre los que pagan impuestos y los ilegales, que en este país son la gran mayoría: ¿1 paga por 10 que no pagan impuestos? ¿1 hectárea con autorización por 10 hectáreas sin ella? Es un ejercicio matemático y estadístico discreto.  ¿400.000 hectáreas quemando el oxígeno del aire que respiramos?

 

Otros depredadores son estos otros angelitos: los ripieros. Como los cooperativistas mineros, estos lo son de la arena del río. Son mineros de la mina a cielo abierto, de la mina de arena del río, son extractivistas y los que no son simples peones explotados por los dueños de la concesión, a su vez propietarios de los camiones destartalados que Ud. ve circular por ahí, ¿también son cooperativa?




En estas fosas que dejan en el Piraí, luego de cargar el material destinado a los miles de metros cuadrados de ciudad(es) en construcción, encallan los vehículos que intentan cruzarlo y no las ven, disimuladas por el agua que las cubre, y en ellas mueren los amantes del río y de sus aguas cuando el lecho va lleno y la corriente fuerte, cuando llueve e intentan huir de la crecida y se los traga la impunidad de los delincuentes que lo perforaron.
Según un informe del SEARPI, hay 201 dragas que operan ilegalmente y 343 delitos ambientales identificados.  El director del Servicio de Encauzamiento y Regularización del Río Piraí va a citar a los Alcaldes para ponerlos contra la pared: declaran la pausa ambiental o se hacen cargo de las consecuencias del desastre.
Hay alcaldes y alcaldes. Unos que denuncian y otros que se hacen los que denuncian. Unos que se hacen de la vista gorda y otros que extienden aprobaciones a diestra y siniestra de nuevas construcciones, urbanizaciones y loteamiento indiscriminado de los campos y los cerros, a título del desarrollo cruceño.  Pero, exceptuando el Alcalde de Santa Cruz de la Sierra, en cuyas playas la explotación de áridos está controlada -según la Secretaría Municipal de Medio Ambiente- ninguno puede con los dragueros, los mineros del río, empresarios de la arena. Porque donde hay cemento, hay arena. Porque las fábricas de cemento tienen dueños, regulación, cumplen normas ambientales y pagan impuestos, pero ¿quién se apropió de la fábrica de arena, el río, y causa este desastre de años y además se llena los bolsillos sin pagar impuestos ni los daños que causa?




Ellos no amenazan con dinamitarnos, ellos bloquean con piedras la carretera y atemorizan a bala y también en turba, a quien se atreva a incomodarlos.  ¿Ante quién hay que denunciar o pedir ayuda si los mecanismos institucionales son insuficientes, inoportunos y con menor fuerza administrativa que la fuerza bruta de estos matones?

Este es el río Piraí de los taquiraris y las serenatas, de los veranos de cruceños refrescándose en sus playas.  Este es el mar de nuestra ciudad, Santa Cruz de la Sierra, y su área metropolitana, La Guardia, El Torno, Warnes y más allá, Samaipata, al oeste, Colpa, La Bélgica y Montero, al norte.

 





El Gobierno Municipal de #LaGuardia capturó este video para mostrar el estado en el que está el río Piraí por la explotación de áridos.




 

Este es el río Piraí, queridos fraternos. Recuérdenlo cada Carnaval, en cada comparsa, y cuando abracen al constructor de avenidas, edificios y casas que compra arena extraída del río, sin licencia ni permiso, dejando fosas de la muerte, arena robada.

 

Es como comprar madera del bosque sin certificación, es como comprar carne de animales en extinción, es como comprar ropa confeccionada por niños de Asia, es como que se puede, claro.

 

Se puede, está visto, pero no está bien, no es correcto porque las leyes no lo permiten, porque hace daño, porque mata. Eso les enseñamos a nuestros hijos, ¿no es cierto?

Gracias, don Pedro, con la escoba barriendo, la matraca sonando y la bandera roja en alto

El avión aterrizó a la hora que su familia le pidió a la banda “Cuando muera el Carnaval”. Tronó al compás del carro lento que trasladaba sus restos mortales, mientras bailaba detrás de sus lentes gruesos la mirada picarona y su espíritu ataviado de años cansados desde que lo conozco, bandos carnavaleros, alma de Patrón y Taura sempiterno, triste de dejar los abrazos tan bien ganados y celebrados, aliviado de cerrar los ojos agotados de tanta máquina de escribir prolífica e incansable, tantas páginas de novelas, poesía, editoriales y textos periodísticos.

Con él se fue uno de los últimos patriarcas de esta Santa Cruz, su terruño que vivió tantas épocas en menos de medio siglo y que va fundiendo en la vorágine de las dos primeras décadas del milenio, sus 400 años de cruceñidad grigotana con memoria de reloj de arena, ínfulas de primer mundo, corazón de pueblo chico y conversación de infierno grande.

Fundó su propia familia enorme, al lado del pilar fundamental de su vida y de la empresa periodística que hoy, a nivel nacional, es la más grande en su estirpe: la señora Rosita Jordán, su esposa, y madre de las niñas de sus ojos, Negra y China, y el orgullo de su continuación periodística: Willy, Choco y Cacho, amén de tantos nietos y nietas que así denominó su quinta de descanso de fin de semana, adonde junto a los biznietos reunió tan frecuentemente tamaño legado y tesoro.

Para don Pedro no era lo mismo ser camba que ser cruceño, como no lo era para don Santa Cruz Aguilera, abuelo del Gobernador Rubén Costas, ni lo es para el Alcalde Percy Fernández ni para mi abuela Yolanda ni para mi padre, Chino, ni para ninguno de los amigos de toda la vida de la Fraternidad Tte. Guillermo Rivero, del Club Social o la comparsa que inmortalizó el himno a doña Encarnación y a las peladas en carretón. Fue niño de pies descalzos en los arenales, como casi todos en la aldea de casas de tres patios en unas pocas manzanas a la redonda de una Plaza Principal que celebraba con retreta el 24 de septiembre, el 21 y el 25 de mayo; en la que los domingos por las noches los varones daban vueltas hacia un lado y las mujeres, al lado contrario; en la que unos iban por afuera y otros por adentro porque no tenían el mismo rango pero que compartían en cada casa de campo, pulpería, escuela y trabajo; una población que se volvía ciudad y mucha cosa con la primera loseta en los sesenta, después de haber sufrido el vejamen, la persecución y el cambio autoritario apenas una década antes, propinada por forasteros mandados, que mellaron su forma de ser y su encanto.

Supo de privaciones y pagó con la de la libertad, sufrida, lo que otros ladinamente, a falta de coraje, hombría e hidalguía, usaron para intentar manchar toda su vida impecable de pluma libre, dedicada a darle a Santa Cruz, al país y al mundo, una gran empresa y un gran diario. Si El Deber se llamó Diario Mayor, se lo ganó a punta de trabajo sacrificado y de sol a sol, desde 1965 que tomó la posta, iniciada ocho años antes por el Dr. Lucas Saucedo Sevilla, hasta la madrugada del lunes que partió. Fue abogado, embajador y varias veces premiado por su apego a la libertad de prensa y su aporte indudable a la formación de varias generaciones de bolivianos.

La primera vez que conversé con don Pedro, recién había inaugurado el moderno edificio de El Deber, en la calle Suárez Arana, a pocos metros del Primer Anillo. A finales de los años ochenta, me animó a una página literaria que me tentó pero la posibilidad de construir un Gobierno Municipal con autonomía, desligado de los designios de la tradición centralista, muy a su desagrado con la política de entonces (y la de antes y la de después), me llevó por otros rumbos. En 1995, me invitó a escribir como columnista de El Deber y en 1996, en tiempos que las listas de traidores eran escritas por las logias, se jugó en el editorial “Disentir no es traicionar”. Conversamos largamente sobre esta Santa Cruz que amó por sobre todas las cosas y su palabra fue una, frontal y sin dobleces, como la de don Chelito, su hermano y nuestro entrañable corrector de pruebas, la palabra de honor como lo era antes acá. Si recorrimos caminos distintos y dudaba que mi efervescencia por cambiar el mundo tuviera la consecuencia y la lealtad con las que creí contar, fue Pedro Rivero Mercado quien las demostró sin titubear. Leal y consecuente, así fue de verdad, en las buenas y en la malas, y así nos lo agradecimos siempre, cuando nos tocó luchar y luego también, cuando acepté su invitación de transformar -junto al gran salto y cambio de El Deber de fin de siglo al que antecedió al actual- su producto más preciado, El Deber Extra dominical.

Asumió como propia, a costa del reclamo y el repudio de los dirigentes de las principales instituciones cruceñas, la primera protesta colectiva de los usuarios de la cooperativa telefónica, organizados en el Comité de Socios de COTAS, presidido por el inolvidable y querido José Gutiérrez Gutiérrez, quienes lograron la primera asamblea espontánea más grande vista en esta ciudad hasta ese 15 de diciembre de 1997, en la que 15.000 cooperativistas se reunieron en el Estadio Tahuichi a rechazar la gestión de la directiva de la Cooperativa y exigir su renuncia, en aras de reponer la participación democrática, la renovación de liderazgos y la transparencia en la información y en sus tarifas, propugnadas por sus fundadores.

 

Los jueves de las banderas rojas. El Deber, 1997
Después de la histórica Asamblea de Socios en el Estadio Tahuichi, marchamos por la calle Bolívar. El Deber, 1997

 

A fines de 1999, juntos terminamos “El espíritu de un siglo”, la edición especial que creamos para despedir el XX y en su portada quedó para memoria de este pueblo y de los suyos, su mano tendida ofreciendo un punto de aprehensión a la mano recién nacida de su nieto.  Fue al único que consulté antes de aceptar mi postulación al cargo de segura concejal. Me interesaba la opinión de quien confiaba en mi criterio, más allá de compartir o no mis ideas. Otra vez, lamentó que dejara el diario al que él llegaba cada mañana muy temprano para recorrer la redacción con el ceremonial paso de un gran padre que  se cerciora de que todo marcha como debiera marchar. Me alegro por la ciudad pero la ingratitud es moneda corriente y no se vaya a decepcionar, me alertó indicando a doña Laida, su fiel y eterna secretaria, que me recordara cada semana que debía publicar.

 

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Presentación de “El espíritu de un siglo” (Santa Cruz 1900 – 1999) Edición de fin de siglo XX de diario El Deber

Pienso en don Pedro y la tristeza es un suspiro largo que soltar: se ha ido un buen hombre, querendón de sus versos costumbristas, incisivo y decidor Tertuliador, novelista subido de tono de mascaritas y carnavalero de cepa, familiero de corazón, y si le debo son muchas gracias que dar, las mismas que con respeto y cariño le di cada vez que lo encontré con la señora Rosita, incluso ya apagándose en la enfermedad.  Muchas gracias debidas como a sus hijas y a sus hijos, quienes consolidaron la empresa familiar y tuvieron la capacidad de construir el gran medio de comunicación más allá de cualquier tentación personal.  Ningún otro de Bolivia tiene el trato laboral y humano con sus trabajadores como El Deber, la casa de don Pedro que afirmó y reafirmó durante seis décadas, día a día, en cada editorial.

El avión aterriza y cruza el cielo nublado después de avistar un sol maravilloso desperezando el atardecer sobre la pampa cruceña, recortada en el horizonte por la gran urbe que anunciaba con nostalgia.  Mi gran suspiro se queda allá, para acompañarlo al reencuentro de don José, con la escoba barriendo polvo de estrellas, la matraca dándole la bienvenida y la bandera roja siempre al viento, diciéndole fuera a los desertores, a los tramposos, a los cobardes, a los corruptos, a los detractores, a los tiranos.

Buen viaje, don Pedro: nadie que hubiera estrechado su mano, compartido su café de la siesta, escuchado su permanente preocupación por el adiós irremediable a la amable ciudad vieja, habrá dejado que parta sin haberlo acompañado con el recuerdo indeleble y respetado de su voz grave y su palabra plena.

Los chompa roja, Dr. Rivero, estamos de duelo verdadero.

 

mbl don pedro
El Deber, 1997

 

El Deber, 1997
El Deber, 1997