Duele en los más pobres, en los más dignos

 

 

Antes y después de Irma, los cubanos están entrenados para sobrevivir. Igual, aún sabiendo que tienen la fortaleza de su propia naturaleza e historia en las entrañas y en la piel, se anuda la garganta y brota mi sollozo de dolor de ver lo que les cuesta tanto, lo poco que tienen, bajo el agua.

Mi Dannis querida me dice que en las provincias orientales el campo ha sufrido mucho, habrá menos frutas y hortalizas. Con lo que cuesta producirlas, apenas murmuro. “No te preocupes, Gabriela amiga mía, cada vez que suceden estas cosas, los cubanos crecemos…”

Si vas a La Habana (1)

Quedate a vivir un buen tiempo. Disfrutala de principio a fin. Caminala toda. Hospedate en casa de familia cubana, aún cuando tengás previsto y reservado un buen hotel, como en cualquier parte del mundo, y cuando no caminés, probá un taxi de auto antiguo, un carruaje con guía y moverte a los barrios alejados en guagua. Comé en el mercado con vista al mar, entrá por los callejones sin luz que allí se anda la ciudad más segura de América y llevá propinas para miles de personas, no porque te las pidan sino porque tendrás el impulso de regalarles lo que sea, que es lo mínimo que merecen. Si lo ves al gran Eusebio Leal en el Museo de la Ciudad, al que ahora va poco, dale un abrazo de mi parte o varios: jamás podré agradecerle bien todo lo que hizo y hace para que tengamos Habana por siempre.

Museo de la Ciudad de La Habana y Malecón, desde la terraza del Hotel Dos Mundos, que hospedó a Ernest Hemingway (foto: Gabriela Ichaso, diciembre de 2014)
Museo de la Ciudad de La Habana y Malecón, desde la terraza del Hotel Dos Mundos, que hospedó a Ernest Hemingway (foto: Gabriela Ichaso, diciembre de 2014)