Duele en los más pobres, en los más dignos

 

 

Antes y después de Irma, los cubanos están entrenados para sobrevivir. Igual, aún sabiendo que tienen la fortaleza de su propia naturaleza e historia en las entrañas y en la piel, se anuda la garganta y brota mi sollozo de dolor de ver lo que les cuesta tanto, lo poco que tienen, bajo el agua.

Mi Dannis querida me dice que en las provincias orientales el campo ha sufrido mucho, habrá menos frutas y hortalizas. Con lo que cuesta producirlas, apenas murmuro. “No te preocupes, Gabriela amiga mía, cada vez que suceden estas cosas, los cubanos crecemos…”

Irma o Harvey, más allá del cambio climático

Quien ha vivido un ciclón o un huracán sabe que la única forma de salvar la vida es protegerse entre cuatro paredes y un techo construídos a prueba de ellos o meterse en una cueva alta en la montaña o evacuar el mundo entero situado a su paso. No hay otra. Lo demás son recetas de escritorio.

Es un hecho de la naturaleza, lo suficientemente serio como para encima tener que estar leyendo de que los humedales y los bosques, en este momento fuera de contexto…


El terremoto, el huracán, el maremoto, la avalancha, suceden imposibles de aminorar y anteceden a la aparición de la especie humana en este pobre planeta cundido de dañinos. El ser humano apenas ha logrado observarlos para eludirlos antes que lo arrastren como a molécula en el universo.

Que Irma les sea leve, Florida, Antillas y Cuba del alma mía.
Siempre en mi corazón, Holguín, La Habana, Santa Clara, Santiago.

 

Video:  Esta es la playa Maho en St. Maarten, que le dicen la playa de los aviones porque la pista de aterrizaje está prácticamente junto al mar azul


Video:  Así pasó Irma hoy. La pista y la playa están destruídas

 



Matthew no habla cubano

Después de las cinco de la tarde del martes 4 de octubre, el huracán Matthew comenzó a moler Guantánamo, Baracoa y Maisí por cinco horas. No encontró quién hablara su idioma, hizo daño pero no mató y se marchó.

Exactamente 53 años atrás, el ciclón Flora paseaba su azote por la isla, en idas y venidas y dejaba 2.000 muertos, en los tiempos que se encontraba nuevecita y desentrenada la Revolución.

Esta vez el impacto del monstruo atlántico de 700 km. de diámetro, un promedio de fuerza de 230 km. por hora y una velocidad lenta y caprichosa de traslación, oscilante entre los 5 y los 17 km., se desplazó de la trayectoria, volvió en parte al mar y tocó menos tierra cubana de la que lo esperaba evacuada y preparada para lo peor.

Camiones y tractores cañeros recorren las rutas, distribuyéndose en las provincias de Camaguey, Guantanamo y Holguín, para recoger los restos de las podas recomendadas por las autoridades a cargo de la prevención de los daños del huracan, la basura que hubiera acumulada en desagues, distribuir galletas, agua, remedios.  Pasado el fenómeno climatológico, son parte de la operación de movilización de escombros, limpieza de vías, reconexión terrestre de municipios aislados.

El estado de alerta ciclónica se mantiene, mientras llueve sin parar, el cielo se ha vestido de un gris extraño en esta tierra del sol y las radios a transistores acompañan a los holguineros, atentos a toda información.  Organización y disciplina. Percepción de la situación de peligro. Evacuación a los centros de albergue, alimentación, asistencia de salud y ocupación de tiempo con actividades lúdicas y culturales. Resguardo con velas, agua, medicamentos y alimentos imperecederos en locales sin vidrios y cuantas menos aberturas mejor, como el baño o una habitación sin ventanas, para quienes tienen viviendas de buena condición.  Varios días antes, la Defensa Civil moviliza la logística pero sobre todo, la obediencia al mando, la unicidad de los partes relacionados a meteorología y acción y la obligatoriedad de preservar la vida. No hay lugar a discusión.  Te protegés o te protegen y san-se-acabó.

La noche es larga. Otros velan por tu sueño cuando has sido evacuado. A pesar de todo, el descanso se entremezcla con la incertidumbre de la primera sacudida o si no llega, de lo que encontrarás en pie a la mañana siguiente, cuando te digan buen día, ya se puede salir, tras que la puerta se abrió.  Dormís con los botines puestos, la botella de agua en la mano, una mochila con tus documentos, un abrigo (en el país que sabés que no sentirás frío); si conseguiste linterna, bajo la almohada.

Ya es el día después y salvo la lluvia y la ventisca, todo está como ayer. A la predisposición habitual de los cubanos a ver el lado bueno de sus carencias, su pobreza, sus males, hoy se suma un a Dios gracias, aquí nada pasó, y enseguida se conduelen con la porción de isla que padeció el tremendo y largo remolino, y con el refilón que persiste alejándose del norte costero desde Matanzas hasta Sancti Spiritu, pasando por las bellas Caletones, Bahía Naranjo, Gibara, Playa Blanca y Guardalavaca, con penetraciones marítimas y oleajes de hasta 6 m.

Matthew sigue su camino. Todos aquí esperan que tampoco encuentre en el continente, con quien quedarse a hablar en inglés.

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Matthew se desplaza hacia el Atlantico para volver con fuerza hacia Bahamas y EUA. (Grafica del 3 de octubre de 2016, a mediodia)

 

Ultimo sol del lunes a las 10:00 a.m.
Listos para ser evacuados

 

La percepción de peligro que no te quite la calma.
cof
Triste Matthew.

 

Si vas a La Habana (1)

Quedate a vivir un buen tiempo. Disfrutala de principio a fin. Caminala toda. Hospedate en casa de familia cubana, aún cuando tengás previsto y reservado un buen hotel, como en cualquier parte del mundo, y cuando no caminés, probá un taxi de auto antiguo, un carruaje con guía y moverte a los barrios alejados en guagua. Comé en el mercado con vista al mar, entrá por los callejones sin luz que allí se anda la ciudad más segura de América y llevá propinas para miles de personas, no porque te las pidan sino porque tendrás el impulso de regalarles lo que sea, que es lo mínimo que merecen. Si lo ves al gran Eusebio Leal en el Museo de la Ciudad, al que ahora va poco, dale un abrazo de mi parte o varios: jamás podré agradecerle bien todo lo que hizo y hace para que tengamos Habana por siempre.

Museo de la Ciudad de La Habana y Malecón, desde la terraza del Hotel Dos Mundos, que hospedó a Ernest Hemingway (foto: Gabriela Ichaso, diciembre de 2014)
Museo de la Ciudad de La Habana y Malecón, desde la terraza del Hotel Dos Mundos, que hospedó a Ernest Hemingway (foto: Gabriela Ichaso, diciembre de 2014)