Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1981) transita la delgada línea de la conciencia y los juegos de la mente, muchas veces perversos y tremendos, a manos de la condición dramática y hasta devenida en trágica del ser humano.

“Nuestro mundo muerto” (Editorial El Cuervo), con los cuentos “Chaco” y “Caníbal” acreedores del Premio Aura es un libro a quemarropa, crudo en lo humano y bello en lo literario, que logra remover la psiquis y las emociones del lector sin posibilidad de quedar indiferente. Cuando la realidad es trabuscada con una cirugía tan precisa como el pulso del relojero en el segundero, la ficción resulta un auxilio menor.

Larga vida a la pluma de Li Colanzi.

No, hermano, uno no muere en política

 

La declaración conjunta de Felipe Quispe Quenta, el último Mallku y candidato a Presidente de Bolivia en varios procesos eleccionarios, y de Marcial Fabricano Noé, ex presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente boliviano (CIDOB) y candidato a Vicepresidente de Bolivia a fines del siglo pasado, enfrentando al Gobierno de Evo Morales, era la crónica de un nuevo tiempo anunciado u otro ciclo de la historia, que se veía venir:





“Los pueblos del TIPNIS y Achacachi, conscientes del difícil momento político, social, cultural y económico que vive el pueblo boliviano y en particular los pueblos indígenas y originarios de tierras bajas y altas del país, acuerdan realizar la presente declaración conjunta por la vida y contra el totalitarismo para combatir en unidad a nuestro enemigo común, el gobierno de Evo Morarles Ayma, que nos ataca, humilla y somete a nombre de un falso desarrollo, utilizando para este fin un discurso colonizador, mentiroso e imponiendo su voluntad con actos de violencia, prebendas, corrupción y prácticas abusivas que buscan avasallar y destruir nuestras tierra y culturas a favor de intereses foráneos, de acuerdo con su carácter entreguista y neocolonial.

 

Marcial Fabricano en Santa Cruz de la Sierra, estos días de agosto en que la CIDOB orgánica reúne firmas para defender el territorio íntegro del Tipnis

Durante los últimos 11 años, hemos visto con paciencia, pero no con indiferencia, cómo a nombre de nuestros pueblos se han realizado vergonzosos hechos de corrupción, cómo se ha despilfarrado los recursos económicos de la época de bonanza que vivió el país y cómo esa riqueza no ha llegado a los hogares de los indígenas, campesinos y originarios. El enriquecimiento ilícito de los jerarcas del gobierno, de sus gobernadores y alcaldes ha convertido al MAS en un nido de ladrones y corruptos. Para tapar el asalto a los recursos de los pueblos, el gobierno ha optado por el cercenamiento a las libertades ciudadanas, las limitaciones a la libre expresión, el encarcelamiento de los que denuncian y el atropello a la autodeterminación de nuestras comunidades. Hoy, denunciar la corrupción es un pecado que lo protege el MAS mediante la justicia corrupta que persigue y encarcela al honesto y premia al asaltante. Por otro lado, el vertiginoso crecimiento del narcotráfico, la creciente presencia de empresas transnacionales, la deforestación de nuestra tierra, la contaminación de fuentes de agua, ríos y lagunas, por actividades como la minería ilegal enriquece a unos cuantos mientras la pobreza sigue siendo norma para los que fuimos siempre pobres…  Utilizaremos para este fin todos los recursos que nos permiten las leyes del país y nuestras normas y costumbres, con las que históricamente hemos combatido y derrotado a quienes se han atrevido a someter a nuestras comunidades…”





Felipe Quispe, el guerrillero fundador del EGTK, quien justificó su acción política respondiendo “no quiero que mi hija sea tu sirvienta”, reaparece luego de años muy duros, de enterrar a su hija, a su esposa después de una larga enfermedad y a su hijo mayor, aparecido muerto en El Alto en 2014.

 

Felipe Quispe Quenta, el último Mallku, líder aymara de las tierras altas de Achacachi

 

 

Marcial Fabricano Noé, líder indígena de las tierras bajas del Tipnis

 

Marcial Fabricano, uno de los líderes de la “Marcha por el territorio y la dignidad” de cientos de indígenas en el penoso recorrido hasta la sede de Gobierno, en 1990, vuelve al reflector de la política en clara rebelión a la violación de la ley de “intangibilidad” del Tipnis. “Soy indígena y no me considero indigenista”, sostuvo en 2009, cuando el diario El País de España lo incluyó entre los 100 personajes del año por su trayectoria, mientras varios dirigentes del partido de gobierno lo azotaron 38 veces durante 2 horas por supuesta traición a quienes defendió toda su vida.

“No, hermano, uno no muere en política”, sentenció el Mallku consultado en 2015 si se retiraría en medio de su tragedia personal.

El tiempo (y su enemigo político) le dio la razón. A Marcial, también.

 

 




 

Publicado en el periódico La Razón

7 de agosto, la fuerza armada de los Ponchos Rojos

Al día siguiente de la celebración de los 192 años de fundación de la República de Bolivia, las Fuerzas Armadas bolivianas realizan la jura a la bandera y la conmemoración de su creación institucional el 7 de agosto de 1825.

Año a año, la parada militar se despliega en algún lugar del territorio boliviano. En un “alto” concedido a las autoridades civiles y determinado por los Ponchos Rojos, hoy el desfile del Ejército, de la Fuerza Naval y de la Fuerza Aérea boliviana se trasladó a la localidad Kjasina, municipio de Achacachi, donde estas milicias armadas e impunes que degüellan perros amenazando a sus compatriotas en un Estado en el que rige un orden democrático y de paz, han dicho que “garantizan la Parada Militar”.

30.000 ponchos rojos resguardan el paso de parada de 6.000 oficiales de las tres Fuerzas Armadas del Estado Plurinacional de Bolivia.

 

6 de agosto, día de Bolivia

Es domingo, el primero de agosto y día de Bolivia, el corolario de una independencia americana de idealistas, perforada por los intereses de los criollos de turno aliados de los realistas, no aquellos españoles defensores de la Corona sino los que vieron que en lugar de trabajar para los Reyes era mejor lucrar para ellos mismos que estaban tan lejos y tan cansados de conquistar y expoliar.
¿Qué ha cambiado o mejorado con eso?
Las personas libres, las que creen en el propósito de hacer de la vida misma una Patria a la cual querer, en la cual reunir los afectos y los obstáculos para superarlos, no para aprovecharse de ellos.
No cambiaron los intríngulis del poder, como en todos lados donde hay dinero y ambición.
La Patria es la de los niños, a quienes no les importa el color sino alzar una bandera, jugar aventuras, lucir una escarapela, bailar porque bailar emociona y libera, cantar porque cantar emociona y libera, recitar porque recitar emociona y libera, desfilar porque se siente parte por un instante de la atención de todos y menos nadie, menos ninguneado, por ese poder que dice hacer lo mejor.
Esas pequeñas cosas que no pasan todos los días y los poderes aprovechan para volverlos rigor y jaula y transformar a los libres en rebaño.
Con una escarapela tricolor en el pecho, ahí van mis nietos hacia el 6 de agosto con los sueños más puros de los que dieron la vida por una Patria que todavía no conseguimos.
Me gustan las fechas patrias porque instalan la memoria y las tradiciones, hablan de personas con sueños y con frustraciones, personas que nos antecedieron y cuyas historias heroicas nos dicen de sus propósitos, más que de las miserias que se repiten.

En ese verdadero juego de tronos que es la vida pública, donde juegan y pugnan los intereses, con robo, corrupción, asalto y muerte, esa que se recita en los libros de historia, que se nos impone al alero del relato de esos héroes del mismo material que están hechos los libros. Nosotros somos los héroes verdaderos. Los que nos levantamos todos los días, los que sacamos adelante a nuestras familias, los que luchamos por hacer de cada día un relato épico que quede grabado a fuego en los valores que inculcamos a nuestros hijos.

La verdadera Patria reside en lo cotidiano, como residió en nuestros padres y abuelos, donde quiera que les tocara vivir. Como reside en mis nietos y sus danzas nativas y su desfile escolar y sus ojos tan abiertos al saber para qué sirve un baquitú, un churuno, un jasayé, un sombrero de saó, un sarao, un tari, un panacú, que disfrazan el 6 de agosto, el 26 de febrero y el 24 de septiembre pero se usan a diario en los pueblos de gesto antiguo que rara vez visitamos.

Mi patria es mi infancia y son mis hijos y mis padres y es mi cuarto propio y es mi lugar en el mundo, allí donde me acurruca el descanso de la guerrera.

 

 

Casa por cárcel para Leopoldo, casa por cárcel para Zvonko

La imagen de la felicidad de estos niños da vuelta al mundo. Leopoldo López, el preso político más famoso del gobierno de Nicolás Maduro, ha salido de la cárcel para cumplir arresto domiciliario junto a los suyos por una sentencia judicial que lo condenó a trece años de prisión.

Leopoldo López se reunió con su familia la madrugada del 8 de julio de 2017, luego de más de tres años de prisión incomunicada. El líder de la oposición política al gobierno chavista cumple trece años de presidio por condena judicial por supuestos delitos en Venezuela.

 

Hace siete años que Zvonko Matkovic Ribera está preso por una causa política porque está acusado de un acto terrorista que no se comprobó. La quinta parte de la vida de Zvonko Matkovic Ribera ha transcurrido en la cárcel sin sentencia judicial y para espanto de una sociedad que calla pero sabe perfectamente que esto es mucho más que una injusticia, es la demostración fehaciente de que el sistema no es justo, el Poder Judicial no es justo, el conjunto de leyes no es justo, el debido proceso no es justo.

Sólo él y su familia saben los horrores que han sufrido además de la privación de libertad.

Ya está afuera Leopoldo López en Venezuela. Ya está afuera de la cárcel y cumple presidio domiciliario, según la sentencia judicial que lo condenó.

Evo Morales dio una lección de diplomacia ante el mundo al gobierno de Chile al responder como corresponde ante un incidente menor de frontera protagonizado por funcionarios chilenos, poniéndolos en evidencia y devolviéndolos a su país, en un gesto más positivo que la altanería chilena de aprehender, encarcelar, judicializar más de 100 días y expulsar a nueve funcionarios bolivianos transgresores de la misma frontera, apenas unas semanas antes. El Presidente de Bolivia invocó el pedido de la madre de uno de los carabineros para explicar su especial atención a decidir la liberación y el retorno de los oficiales chilenos a su lugar de origen.

Conozco a la mamá de Zvonko desde que sus padres atendían personalmente la Librería Ribera Hermanos, en la esquina de las calles René Moreno y Ballivián, la papelería tradicional que nos abasteció de materiales escolares casi única en la ciudad en los años setenta. Conozco también a su padre, el ex presidente de Cordecruz que echó a mi padre de su trabajo en la autarquía cruceña en 1989, sólo porque no pertenecía al partido político del Gral. Bánzer, aún cuando llevaba 15 años de carrera en el servicio público y había dejado una vida en Argentina para volver a construir la Santa Cruz que los profesionales de la época soñaban sacar del atraso y del aislamiento. Conozco a la mamá de Milan, el nieto de Zvonko y de Carmiña, y muchos, muchísimos en este pueblo, sabemos lo que han sufrido, lo que sufren, la familia rota, los sueños truncados, las vejaciones que una cree que suceden entre las bambalinas de las guerras de Irak, en las dictaduras militares más horrendas, en las cárceles norteamericanas.

Hace un año leí, fui una de los cientos de miles del mundo que leímos la carta del pequeño Milan al Papa Francisco pidiendo que intercediera ante Dios para devolverle a su padre preso en Palmasola. Sabemos que Dios lo escuchó: lo que no sabemos es si el Papa lo leyó y Ud. no quiso escuchar.

Hace mucho que todos escuchamos a Zvonko Matkovic padre narrar sus vicisitudes ante la extorsión, el desgarrador trámite diario de cualquier gestión que posibilite la liberación de su hijo, infructuosa y frustradamente.

 

Carmiña Ribera de Matkovic, abuela de Milan

 

Hace mucho que todos vemos a Carmiña Ribera asistir a cuanto plantón, caminata, visita, antesala, visibilice su pedido de atención, su abrazo guardado y vacío, sus ojos incansables y aguados de madre que no se rinde e insiste y busca y clama y hace todo lo que está en su día a día para lograr que su hijo se defienda en libertad.

Siete años, Presidente.

Hace varios que firmo donde me piden, en cuanta petición dirigida a su Despacho me llega para sumarme a la solicitud de justicia.

Yo no le pido más justicia, Presidente. Su Gobierno nos está llevando de los pelos a una nueva elección popular de jueces, un acto eleccionario en el que nadie cree.  Empezaríamos a creerle si lo viéramos llamando por teléfono, uno por uno, a los hombres y a las mujeres más probos de este país. Evo Morales llama a los hombres y a las mujeres más probos de este país para que se reúnan entre ellos, asuman los cargos más importantes de los máximos tribunales y hagan lo que tienen que hacer para sacudir este sistema de injusticia espantosa. Ese sería un acto como para darme una esperanza para creer.

Usted, Presidente, lo llamó a Eduardo Rodríguez Veltzé y lo llevó a La Haya. ¿Quién duda de que el mejor jurista internacional que tiene Bolivia está donde debe estar? Usted, Presidente, no llamó a elecciones para que por voto popular cualquier desconocido se haga cargo de la defensa del derecho al mar que tiene Bolivia.

Yo no le pido más justicia, Presidente, si es que no la quiere o no le es posible. Le pido que en un acto de clemencia y de disposición de enderezar este horror al que se ven sometidos todos los bolivianos cuando les cae por mala suerte o con razón todo el peso de la injusticia sobre sus vidas, cambie la cárcel por la casa a Zvonko Matkovic Ribera.

Déjelo defenderse rodeado de los suyos, Presidente.

Después de siete años, finalmente, su Gobierno tiene un preso cuyo proceso demuestra lo mal que le ha ido a la Justicia Plurinacional, tan mal como a la Justicia neoliberal, golpista o de cualquier régimen anterior al suyo.

Siete años, Presidente, son los que Zvonko Matkovic Ribera vive encerrado y no robó al Estado, no violó a nadie, no mató, ni nada de lo que se le acusa que fuera probado. Y no se fue del país. Y no pidió asilo político a nadie. Y sólo puedo decir que es de muy hombre reconocer a otro hombre y preguntarse cómo puede ser que en siete años de su Gobierno este hombre siga preso preventivamente mientras es procesado y sólo pida defenderse fuera de la cárcel.

Carmiña Ribera y su hijo, Zvonko Matkovic, en algún encuentro fugaz por salida especial autorizada eventualmente por el juez de turno.

 

Carta de Carmiña Ribera de Matkovic al Ministro de Justicia pidiendo se autorice defenderse en libertad a su hijo preso desde hace siete años sin sentencia judicial