Anular es una forma de votar: Cómo anular el voto

Está prohibido hacer campaña por el voto nulo en las elecciones de jueces el 3 de diciembre. Por favor, tengan en cuenta que podrán ser multados por invitar al pópulo a escribir a lo largo y ancho de la papeleta lo que piensan: que los jueces no se eligen por voto popular, que hay jueces que están hartos de que los partidos políticos se metan en el Poder Judicial y que también hay jueces que les importa un bledo que se metan los políticos porque igual ellos “arreglan” como les convenga, que los abogados que eligen el desempeño jurídico en los Tribunales deben surgir a las más altas magistraturas por su propia carrera judicial, con aptitudes de probidad, capacidad de valorar las pruebas de cargo y de descargo y aplicación de las leyes con integridad, habiendo demostrado que impartir justicia ha sido reparador de injusticias.

Está prohibido hacer campaña por el voto nulo aunque nos estén obligando a la más absurda de las votaciones: votar por abogados seleccionados por políticos para administrar justicia, candidatos prohibidos de hacer campaña porque obviamente la justicia es ciega y cualquier cosa que prometan aparte de hacer justicia es mentira, ciudadanos que postulan para acceder a cargos sin la posibilidad de cerrar por un año el Poder Judicial para empezarlo todo de nuevo.  Que los nuevos abogados sepan que se están formando para cambiar esto y vamos a ayudarlos.

Así que no hagan campaña por el voto nulo. Todo multiplicado por cero es igual a cero. Cero, en alemán, null. Es decir, no hagan campaña pero sepan que nadie va a multarlos por anular el voto que tendrán en sus manos el 3 de diciembre porque anular es también una forma de votar. La forma de decir que no se está de acuerdo y que además no se deja ni una sola casilla vacía para que nadie modifique tu protesta, tu voto.

El Tribunal Electoral prohibe hacer campaña por el voto nulo pero es su deber enseñar todas las formas de votar y una de ellas es anular el voto. Aquí algunas demostraciones gráficas de cómo se vota nulo, tomadas de internet.

 

Desobedecer, soñar, luchar: el legado del Che

El legado de Ernesto Guevara de la Serna para el Gral. Gary Prado Salmón es una fosa vacía, y una medalla con su nombre de combate para el gobierno de Evo Morales, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, que cumpliendo el deber de defender el país ante la invasión armada lo detuvieron y asesinaron hace 50 años en La Higuera.

Es curioso que un militar y gobernante de facto, como René Barrientos Ortuño, que luego fue presidente constitucional de Bolivia (como años después lo fuera Banzer) instituyera una Constitución Política del Estado que duró más de cuatro décadas y estableciera que las Fuerzas Armadas no deliberan, pero de una forma u otra sus oficiales continuaron inmiscuyéndose en los asuntos políticos, civiles y en golpes de Estado. Como él mismo en su calidad de Vicepresidente de Víctor Paz Estenssoro, lo derrocó o luego instruyó la militarización de centros mineros.

La llegada a Bolivia del Che fue, finalmente y a la larga, producto de su empecinamiento en una incursión suicida. Ernesto había recorrido el continente, en moto, a pie, en camión, en balsa, antes y después de recibirse de médico en Buenos Aires, cuando era un estudiante de la clase media argentina, hijo de padres inquietos intelectualmente y una madre especialmente aguerrida que lo amaba y lo admiraba también por su capacidad de sobreponerse a ese asma terrible, debilitante, inhabilitante, desde la infancia. América del Sur era un caldero político, como desde la llegada de Colón y la colonia 500 años antes, pero “Fuser” había visto de primera mano –muy distante de cualquier proclama partidaria- que la injusticia y la muerte desposeían a cientos de miles en los lugares más recónditos de esa patria grande que soñaron San Martín y Bolívar. Así como puso en riesgo su vida ayudando a curar enfermos en un leprosario en Perú también estuvo presente, de paso, aquellos días posteriores a la revolución de abril de 1952 del Movimiento Nacionalista Revolucionario, en la ciudad de La Paz, donde vio el comienzo de lo que no fue informado a tiempo ni verazmente de cómo evolucionó durante los quince años anteriores a su guerrilla a la boliviana.



Para quienes fuimos y somos parte de la generación propiciada por luchadores por la libertad de culto, de pensamiento, de expresión, de elección, de los derechos humanos universales de las personas, de la educación laica, de la salud gratuita, del trabajo digno, de la igualdad de los seres humanos, el mundo por estos principios fundamentales no se divide en simples categorías de héroes y villanos. Qué sueltos de cuerpo definen desde la ignorancia o desde la comodidad de gozar de valores que recibieron en bandeja, gracias al sacrificio de quienes le pusieron la propia vida a tiempos complejos, violentos y descarnados para disfrutar de esta democracia de la que hoy gozamos.

El legado del Che no es una fosa vacía. Es como el de los muertos de amor de Teoponte, el legado de un hombre que se jugó por sus convicciones, que optó por los pobres y creyó que la lucha armada era la única forma de cambiar siglos de injusticia y golpismo militar en Latinoamérica. Aunque nunca podré estar de acuerdo con las armas como vía de solución de ningún conflicto, ni entonces ni ahora, ni con ningún tipo de Fuerza Armada llamada regular o irregular, ni con la estupidez constitucional de invocar obligatoriamente a la juventud a cumplir servicio militar y que éste sea considerado un deber con Patria alguna, sí creo que hacer Patria es otro modo de llamar a la opción contra cualquier forma de sometimiento.

Ernesto Guevara era, ante todo, un revolucionario de palabra. Es el primer ejemplo que debieran imitar los que hacen bandera de su nombre y niegan el resultado de una acción popular en democracia, como lo fue el referéndum del 21 de febrero de 2016, realizado en estricta sujeción a la Constitución que escribió su Asamblea Constituyente, la que ahora intentan borrar con el codo.

Si algo hubiera deplorado más aún que su imagen comercial en camisetas, habría sido saberse impreso en una medalla mientras intentan desconocer el voto popular. “Aquí lo que hace falta no son homenajes, sino trabajo. En cuanto a los honores, se los agradezco, pero les voy a responder en francés, que es más delicado, para no ofenderlos: Les honneurs, ca m´emmerde!”

Ernesto Guevara legó una vida que fue palabra unida a la acción, coherente, honesta, comprometida con ideales sociales colectivos y alejada de ambiciones personales.  Vivió para desobedecer, soñar y luchar: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario.”

En esta democracia sangrada, conseguida por personas que creyeron que era la forma donde habría lugar para todos, sin privilegios y sin trampas, si cada uno respetáramos al otro y a los demás, dentro y fuera de casa, no haría falta más desobediencia, ni otra revolución para que el hombre nuevo tenga las garantías que le intentan ser cercenadas.

 


Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1981) transita la delgada línea de la conciencia y los juegos de la mente, muchas veces perversos y tremendos, a manos de la condición dramática y hasta devenida en trágica del ser humano.

“Nuestro mundo muerto” (Editorial El Cuervo), con los cuentos “Chaco” y “Caníbal” acreedores del Premio Aura es un libro a quemarropa, crudo en lo humano y bello en lo literario, que logra remover la psiquis y las emociones del lector sin posibilidad de quedar indiferente. Cuando la realidad es trabuscada con una cirugía tan precisa como el pulso del relojero en el segundero, la ficción resulta un auxilio menor.

Larga vida a la pluma de Li Colanzi.

No, hermano, uno no muere en política

 

La declaración conjunta de Felipe Quispe Quenta, el último Mallku y candidato a Presidente de Bolivia en varios procesos eleccionarios, y de Marcial Fabricano Noé, ex presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente boliviano (CIDOB) y candidato a Vicepresidente de Bolivia a fines del siglo pasado, enfrentando al Gobierno de Evo Morales, era la crónica de un nuevo tiempo anunciado u otro ciclo de la historia, que se veía venir:





“Los pueblos del TIPNIS y Achacachi, conscientes del difícil momento político, social, cultural y económico que vive el pueblo boliviano y en particular los pueblos indígenas y originarios de tierras bajas y altas del país, acuerdan realizar la presente declaración conjunta por la vida y contra el totalitarismo para combatir en unidad a nuestro enemigo común, el gobierno de Evo Morarles Ayma, que nos ataca, humilla y somete a nombre de un falso desarrollo, utilizando para este fin un discurso colonizador, mentiroso e imponiendo su voluntad con actos de violencia, prebendas, corrupción y prácticas abusivas que buscan avasallar y destruir nuestras tierra y culturas a favor de intereses foráneos, de acuerdo con su carácter entreguista y neocolonial.

 

Marcial Fabricano en Santa Cruz de la Sierra, estos días de agosto en que la CIDOB orgánica reúne firmas para defender el territorio íntegro del Tipnis

Durante los últimos 11 años, hemos visto con paciencia, pero no con indiferencia, cómo a nombre de nuestros pueblos se han realizado vergonzosos hechos de corrupción, cómo se ha despilfarrado los recursos económicos de la época de bonanza que vivió el país y cómo esa riqueza no ha llegado a los hogares de los indígenas, campesinos y originarios. El enriquecimiento ilícito de los jerarcas del gobierno, de sus gobernadores y alcaldes ha convertido al MAS en un nido de ladrones y corruptos. Para tapar el asalto a los recursos de los pueblos, el gobierno ha optado por el cercenamiento a las libertades ciudadanas, las limitaciones a la libre expresión, el encarcelamiento de los que denuncian y el atropello a la autodeterminación de nuestras comunidades. Hoy, denunciar la corrupción es un pecado que lo protege el MAS mediante la justicia corrupta que persigue y encarcela al honesto y premia al asaltante. Por otro lado, el vertiginoso crecimiento del narcotráfico, la creciente presencia de empresas transnacionales, la deforestación de nuestra tierra, la contaminación de fuentes de agua, ríos y lagunas, por actividades como la minería ilegal enriquece a unos cuantos mientras la pobreza sigue siendo norma para los que fuimos siempre pobres…  Utilizaremos para este fin todos los recursos que nos permiten las leyes del país y nuestras normas y costumbres, con las que históricamente hemos combatido y derrotado a quienes se han atrevido a someter a nuestras comunidades…”





Felipe Quispe, el guerrillero fundador del EGTK, quien justificó su acción política respondiendo “no quiero que mi hija sea tu sirvienta”, reaparece luego de años muy duros, de enterrar a su hija, a su esposa después de una larga enfermedad y a su hijo mayor, aparecido muerto en El Alto en 2014.

 

Felipe Quispe Quenta, el último Mallku, líder aymara de las tierras altas de Achacachi

 

 

Marcial Fabricano Noé, líder indígena de las tierras bajas del Tipnis

 

Marcial Fabricano, uno de los líderes de la “Marcha por el territorio y la dignidad” de cientos de indígenas en el penoso recorrido hasta la sede de Gobierno, en 1990, vuelve al reflector de la política en clara rebelión a la violación de la ley de “intangibilidad” del Tipnis. “Soy indígena y no me considero indigenista”, sostuvo en 2009, cuando el diario El País de España lo incluyó entre los 100 personajes del año por su trayectoria, mientras varios dirigentes del partido de gobierno lo azotaron 38 veces durante 2 horas por supuesta traición a quienes defendió toda su vida.

“No, hermano, uno no muere en política”, sentenció el Mallku consultado en 2015 si se retiraría en medio de su tragedia personal.

El tiempo (y su enemigo político) le dio la razón. A Marcial, también.

 

 




 

Publicado en el periódico La Razón

7 de agosto, la fuerza armada de los Ponchos Rojos

Al día siguiente de la celebración de los 192 años de fundación de la República de Bolivia, las Fuerzas Armadas bolivianas realizan la jura a la bandera y la conmemoración de su creación institucional el 7 de agosto de 1825.

Año a año, la parada militar se despliega en algún lugar del territorio boliviano. En un “alto” concedido a las autoridades civiles y determinado por los Ponchos Rojos, hoy el desfile del Ejército, de la Fuerza Naval y de la Fuerza Aérea boliviana se trasladó a la localidad Kjasina, municipio de Achacachi, donde estas milicias armadas e impunes que degüellan perros amenazando a sus compatriotas en un Estado en el que rige un orden democrático y de paz, han dicho que “garantizan la Parada Militar”.

30.000 ponchos rojos resguardan el paso de parada de 6.000 oficiales de las tres Fuerzas Armadas del Estado Plurinacional de Bolivia.