Huele a azufre y Evo volverá

Estados Unidos ha elegido el Presidente que precisaba el entorno de Evo para justificar el nuevo referéndum constitucional.  “Huele a azufre”, hubiera vuelto a decir Hugo Chávez esta madrugada pero ya no está. ¿Y quién más pintado que su discípulo y dilecto amigo, para recordar aquella sentencia viral en momentos que se destartala la red bolivariana regional, con los estertores del deterioro político y social venezolano; la caída de Lula y Dilma en Brasil, de Cristina y el kirchnerismo en Argentina, de Bachelet y el perforado modelo chileno de impasibilidad?




Los tiempos, la configuración política y los intereses ya no son los mismos.  Han pasado diez años y el proyecto está desportillado:  el transcurso de la vida hace estragos en el ejercicio del poder, ya no inundan los petrodólares las arcas proselitistas, los ingresos por ventas de hidrocarburos mermaron, la campaña reeleccionista consumió muchas fuerzas, disgustos y sobresaltos; los vecinos limítrofes que gobiernan ya no son los mismos. Evo pensará dos veces antes de cruzar las redes sociales y el espacio mediático con un “Huele azufre”: ni él es Chávez, ni esto es Venezuela (la que era entonces) ni Trump es Bush y Bolivia está hasta los tuétanos en deudas con China y otras amistades poco confiables para el votante norteamericano.
El modelo de los grandes negocios vigente en el país se siente protegido con el gobierno actual y a las masas no les interesa la educación el respeto ni la legalidad: existen otras formas menos burocráticas, menos sacrificadas e incómodas, que sólo necesitaban un adalid mayor, más machista, más bruto, más ordinario, más irracional, más racista, que el desgastado meme nacional. 

Ahora está expedito el camino para la relatividad: hasta casi tendríamos que sentirnos agradecidos porque los ejemplares autóctonos alzarán la voz para defendernos del Darth Vader naranja, para diferenciarse del monstruo del nuevo muro internacional, del nuevo loco de los códigos de la bomba nuclear, del negador del cambio climático, del anticristo con el primer dígito (falta la francesa y el alemán el año que viene) del 666 de la tercera guerra mundial. Es casi una suerte que esto sucediera ahora, dirán, porque queda tiempo para que siga brillando el sol y la luna no se vaya a escapar.
No les importa otra cosa que obtener, dinero, por miles, millones, a como dé lugar, el dinero para comprar, acaparar, para separar, total es problema de los migrantes la migración, de los refugiados su condición, de los creyentes la religión.




La ecología, la protección de la naturaleza y el ambiente, la educación y la cultura, el respeto a la diversidad, la mujer como tal, los niños, los animales, la palabra, la palabra empeñada, la justicia, los libros, el arte, la meditación, el deporte, no dan votos pero suenan políticamente correctos y qué mejor que en la casa del herrero, donde el cuchillo es de palo, el herrero aseste el fierro a su igual superado, al nuevo rey del norte.
Porque está visto que esos temas fundamentales no dan votos sino unos cuantos aplausos, likes y un poco de imagen a la vanidad, amén de quienes creemos que hacemos algo, somos testimoniales y distraemos la cruda realidad. Y la verdad es que la masa quiere otra cosa, pero aparenta que lo importante le preocupa. Aparenta hasta en casa, cuando envía a los niños a la escuela; en la misa o el culto, cuando asiste, promete y reza; en la selfie para el qué dirán; en la reunión comunitaria, donde hace causa común tal vez porque decir la verdad le da vergüenza.
Es la economía insostenible, suicida e ilícita, de la tierra, la guerra, la droga y la corrupción a todo nivel y escala, la que arrasa con la masa, aquí y allá. Tal vez era imprescindible que esto sucediera.




Ahora pareciera que el planeta está más balanceado, aunque los medios masivos hablen de conmoción mundial, las corporaciones de marketing político hagan aguas y las encuestadoras contraten nuevas apps que varíen los negativos/positivos que las hicieron, otra vez, fallar.
Hay un Occidente con un mono con navaja, tal como uno o varios en el mundo oriental.




Aquí no pasará nada, porque todo seguirá igual, todo va bien porque para las mayorías es normal y funciona así nomás. 
Sólo dejen de insistir con izquierdas y derechas que me enturbian la pantalla, que pierden el tiempo si es que a alguien le interesa construir una propuesta con modelos diferentes de vida, de relacionamiento, de detención de la destrucción del planeta y de rescate de las formas de vida que hacen más felices a más personas con lo menos posible.
Ya no espero nada de mi generación. Lo hizo todo tan mal y es tan incapaz de sembrar algo diferente a la doble moral, a la hipocresía, a abandonar a aquellos que quisieron algo mejor para cambiar.  
Esta madrugada me acompañó el audio de mi pequeño Jedi diciéndome “Hasta mañana, Abu Gabu. Vamos a descansar”.



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