El oficio más viejo del mundo

Nacer, crecer, reproducirse y morir, salvo contra natura, va más allá de nuestro entendimiento y posibilidad. La humanidad se ha empecinado en modificar o alterar el ciclo para complicarnos y mantenernos preocupados de lo que no es.
Cuando Dios hizo al hombre y la mujer, les dio como único oficio amar, distinguiéndolos de toda la naturaleza con esa capacidad. Lo demás es historia posterior, ya de la mano de las tentaciones y demás elucubraciones del cerebro humano.
Discrepo con García Márquez acerca de su popularizada afirmación de que el mejor oficio del mundo sea el periodismo y, más aún, con la más popular aseveración -desconozco su autoría- de que la prostitución sea el más viejo.
Hoy he descubierto que el más antiguo y el mejor oficio del ser humano es amar:
amarse a sí mismo, amar al alma gemela, amar a los padres y a los hijos, amar a los hermanos y al prójimo, amar lo que se hace y lo que se piensa, amar desnudamente y sin temor.
Y hoy, después de 46 años, encontré la razón de mi paso por el mundo y la respuesta a los inconformismos, a mi rebeldía, a mis disgresiones, a la búsqueda incesante que aquiete mi espíritu.
Todo lo demás es producto del sistema para encasillarnos en la intrascendencia o en el poder del mal y sus múltiples formas de dominación sobre el único oficio que no reditúa bienes materiales y que da paz interior, aquella que hace libre al ser humano.
Nací para amar y declaro que ése es mi oficio auténtico y total, en el que soy yo a plenitud, en el que la vida cobra vida cada mañana con el sol.

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