Casa por cárcel para Leopoldo, casa por cárcel para Zvonko

La imagen de la felicidad de estos niños da vuelta al mundo. Leopoldo López, el preso político más famoso del gobierno de Nicolás Maduro, ha salido de la cárcel para cumplir arresto domiciliario junto a los suyos por una sentencia judicial que lo condenó a trece años de prisión.

Leopoldo López se reunió con su familia la madrugada del 8 de julio de 2017, luego de más de tres años de prisión incomunicada. El líder de la oposición política al gobierno chavista cumple trece años de presidio por condena judicial por supuestos delitos en Venezuela.

 

Hace siete años que Zvonko Matkovic Ribera está preso por una causa política porque está acusado de un acto terrorista que no se comprobó. La quinta parte de la vida de Zvonko Matkovic Ribera ha transcurrido en la cárcel sin sentencia judicial y para espanto de una sociedad que calla pero sabe perfectamente que esto es mucho más que una injusticia, es la demostración fehaciente de que el sistema no es justo, el Poder Judicial no es justo, el conjunto de leyes no es justo, el debido proceso no es justo.

Sólo él y su familia saben los horrores que han sufrido además de la privación de libertad.

Ya está afuera Leopoldo López en Venezuela. Ya está afuera de la cárcel y cumple presidio domiciliario, según la sentencia judicial que lo condenó.

Evo Morales dio una lección de diplomacia ante el mundo al gobierno de Chile al responder como corresponde ante un incidente menor de frontera protagonizado por funcionarios chilenos, poniéndolos en evidencia y devolviéndolos a su país, en un gesto más positivo que la altanería chilena de aprehender, encarcelar, judicializar más de 100 días y expulsar a nueve funcionarios bolivianos transgresores de la misma frontera, apenas unas semanas antes. El Presidente de Bolivia invocó el pedido de la madre de uno de los carabineros para explicar su especial atención a decidir la liberación y el retorno de los oficiales chilenos a su lugar de origen.

Conozco a la mamá de Zvonko desde que sus padres atendían personalmente la Librería Ribera Hermanos, en la esquina de las calles René Moreno y Ballivián, la papelería tradicional que nos abasteció de materiales escolares casi única en la ciudad en los años setenta. Conozco también a su padre, el ex presidente de Cordecruz que echó a mi padre de su trabajo en la autarquía cruceña en 1989, sólo porque no pertenecía al partido político del Gral. Bánzer, aún cuando llevaba 15 años de carrera en el servicio público y había dejado una vida en Argentina para volver a construir la Santa Cruz que los profesionales de la época soñaban sacar del atraso y del aislamiento. Conozco a la mamá de Milan, el nieto de Zvonko y de Carmiña, y muchos, muchísimos en este pueblo, sabemos lo que han sufrido, lo que sufren, la familia rota, los sueños truncados, las vejaciones que una cree que suceden entre las bambalinas de las guerras de Irak, en las dictaduras militares más horrendas, en las cárceles norteamericanas.

Hace un año leí, fui una de los cientos de miles del mundo que leímos la carta del pequeño Milan al Papa Francisco pidiendo que intercediera ante Dios para devolverle a su padre preso en Palmasola. Sabemos que Dios lo escuchó: lo que no sabemos es si el Papa lo leyó y Ud. no quiso escuchar.

Hace mucho que todos escuchamos a Zvonko Matkovic padre narrar sus vicisitudes ante la extorsión, el desgarrador trámite diario de cualquier gestión que posibilite la liberación de su hijo, infructuosa y frustradamente.

 

Carmiña Ribera de Matkovic, abuela de Milan

 

Hace mucho que todos vemos a Carmiña Ribera asistir a cuanto plantón, caminata, visita, antesala, visibilice su pedido de atención, su abrazo guardado y vacío, sus ojos incansables y aguados de madre que no se rinde e insiste y busca y clama y hace todo lo que está en su día a día para lograr que su hijo se defienda en libertad.

Siete años, Presidente.

Hace varios que firmo donde me piden, en cuanta petición dirigida a su Despacho me llega para sumarme a la solicitud de justicia.

Yo no le pido más justicia, Presidente. Su Gobierno nos está llevando de los pelos a una nueva elección popular de jueces, un acto eleccionario en el que nadie cree.  Empezaríamos a creerle si lo viéramos llamando por teléfono, uno por uno, a los hombres y a las mujeres más probos de este país. Evo Morales llama a los hombres y a las mujeres más probos de este país para que se reúnan entre ellos, asuman los cargos más importantes de los máximos tribunales y hagan lo que tienen que hacer para sacudir este sistema de injusticia espantosa. Ese sería un acto como para darme una esperanza para creer.

Usted, Presidente, lo llamó a Eduardo Rodríguez Veltzé y lo llevó a La Haya. ¿Quién duda de que el mejor jurista internacional que tiene Bolivia está donde debe estar? Usted, Presidente, no llamó a elecciones para que por voto popular cualquier desconocido se haga cargo de la defensa del derecho al mar que tiene Bolivia.

Yo no le pido más justicia, Presidente, si es que no la quiere o no le es posible. Le pido que en un acto de clemencia y de disposición de enderezar este horror al que se ven sometidos todos los bolivianos cuando les cae por mala suerte o con razón todo el peso de la injusticia sobre sus vidas, cambie la cárcel por la casa a Zvonko Matkovic Ribera.

Déjelo defenderse rodeado de los suyos, Presidente.

Después de siete años, finalmente, su Gobierno tiene un preso cuyo proceso demuestra lo mal que le ha ido a la Justicia Plurinacional, tan mal como a la Justicia neoliberal, golpista o de cualquier régimen anterior al suyo.

Siete años, Presidente, son los que Zvonko Matkovic Ribera vive encerrado y no robó al Estado, no violó a nadie, no mató, ni nada de lo que se le acusa que fuera probado. Y no se fue del país. Y no pidió asilo político a nadie. Y sólo puedo decir que es de muy hombre reconocer a otro hombre y preguntarse cómo puede ser que en siete años de su Gobierno este hombre siga preso preventivamente mientras es procesado y sólo pida defenderse fuera de la cárcel.

Carmiña Ribera y su hijo, Zvonko Matkovic, en algún encuentro fugaz por salida especial autorizada eventualmente por el juez de turno.

 

Carta de Carmiña Ribera de Matkovic al Ministro de Justicia pidiendo se autorice defenderse en libertad a su hijo preso desde hace siete años sin sentencia judicial

 

 

Hartas

No puedo ni escribir. No sé. Lloro. Vuelvo a escribir. Borro. Ando sola por la calle y tengo miedo. Y me da una bronca… A mí que toda la vida hice lo que quise. Que anduve por todos lados… La reputa madre que lo parió. Se llevaron otra. Se cargaron una más. 21 años tirados literalmente como basura a un descampado sólo porque un hijo de puta sintió ganas de ponerla y eso hizo. Salió a cazar. SIEMPRE. Una, dos, tres veces. ¿Por qué iba a ser diferente la noche del sábado? Si estos forros saben que pueden violar tranquilamente cuanta mujer se te cruce y seguir libre. Lo sabemos todos. Así funciona. Volver caminando a tu casa para no llegar jamás. No pasa nada. Para que te suban a un auto y hagan desastres con tu cuerpo. Para que te caguen a trompadas mientras te violan. Y te vas yendo. Te vas apagando. Y a lo mejor ves la cara de tu vieja ese último segundo y sonreís porque ya no estás acá. Ya está. Ya se termina. Te nos fuiste carajo. Desfigurada. Indefensa. Llena de barro. Desnuda. “Me pegó mucho y me violó, todo en veinte minutos” dijo una de las chicas que agarró este tipo. La primera. Año 2010. Después siguieron dos más. 


Siete años después, el juez Carlos Rossi, decidió que estaba bien dejarlo libre. NO PASA NADA. Mirá Rossi, mirá lo que hiciste. MIRALO BIEN. Porque está muerta por tu culpa también. Sos tan asesino como él. Igualito. A lo mejor vos crees que no te violaste a nadie. Yo creo que a todas. Se te cantó decidir que este señor no era un peligro. Con una soberbia descomunal ignoraste los informes negativos del Servicio Penitenciario que explicaban bien clarito que este tipo NO ESTABA APTO PARA SER PUESTO EN LIBERTAD.


¿Y ahora? ¿Qué le decimos a la madre? ¿Señora cálmese? ¿Está todo en manos de la justicia? ¿Qué justicia? ¿Qué jueces? ¿De qué mierda están hablando?


Tengan la dignidad de no decirle nada. De no hablar pelotudeces. De respetar su dolor ya que no tienen los huevos de protegernos cuando todavía estamos vivas. “Los padres reconocieron el cuerpo”, rezan los medios. Cómo reconocer a tu hija en esos restos. En ese cuerpo que se fue pudriendo a la intemperie. Con qué cara mirás a esa mamá, pregunto, al destapar la sábana blanca de la morgue y preguntar si ésa es su hija. 


Esa no es Micaela. Esa no. Esa no es. Esos son los restos. Eso es lo que dejó la bestia que dejaron libre después de comérsela.


Micaela es la de la sonrisa con la remera de ‘Ni una menos’.
La de la risa y la libertad. 


La ingenua que se creyó con derecho a caminar sola a casa.
La que estaba viva y hoy no está.


#NIUNAMENOS #VIVASNOSQUEREMOS 


(tomado de la comunidad de FB/NoMeCalmoNada)

 

Micaela García, argentina, 21 años, activista de #NiUnaMenos, secuestrada, violada y asesinada cuando volvía a su casa

Con riesgo de 28 años de cárcel, naufragan los nuevos héroes del mar

La casualidad es la excepción que afirma la regla de la causalidad. Y es que no ha sido casual la incursión de los nueve bolivianos ahora detenidos en Chile, a tareas confusas fuera del territorio nacional.

El Ministerio de Comunicación de Bolivia anunció la campaña #ElMarNosUne con miras a la presentación de la réplica ante La Haya y al 23 de marzo, hoy, fecha conmemorativa del 138º aniversario del enclaustramiento marítimo, sin feriado nacional.

Presentó la campaña antes de pronunciarse con acciones concretas en ocasión de conmemorarse el 8 de marzo el #DíaDeLaMujer, que para el Gobierno pasó (pasa) desapercibido y sin tomar nota del incremento de feminicidios, la incapacidad institucional de aplicar la Ley 348 y la falta de voluntad política de instaurar la revolución que ella describe dentro de las filas del Ministerio Público, la Policía nacional y demás reparticiones del Estado.










#ElMarNosUne ha sido un intento de convencer a los bolivianos del mundo para que se sumen con fotos, carteles y aplausos a la consigna o “hashtag” que debía ser popular en las redes sociales el 23 de marzo, desde el día anterior planificado para la presentación de documentación en el pleito iniciado ante el Tribunal Internacional de La Haya. Viral, como dicen en la jerga virtual.

Como ya no sorprenden, la campaña mediática le pareció una ingenuidad a más de uno y como en otros casos que ya conocemos, ante la desconfianza que crece sobre casi todo lo que hacen o dicen las autoridades nacionales, era casi imprescindible armar un revuelo internacional: había que recuperar la fe y unir de algún modo el descrédito imperante en la opinión popular por la ampliación de la frontera cocalera, el tratamiento médico del Presidente lejos del sistema de salud pública del proceso de cambio, la aseveración de un ministro en Viena acerca de que supuestamente 7 de cada 10 bolivianos consumen coca o derivados, la fallida campaña de estigmatizar como #carteldelamentira a los medios masivos y a los bolivianos que -con diferentes matices y cada uno por su lado- dieron a conocer la existencia de una ex novia de Evo Morales, relacionada con la invasión de negocios chinos al país, quien había tenido un hijo reconocido por él mismo.

Todo sucede la semana antes del acto formal que a Bolivia le toca protagonizar en Holanda.  El consulado de Bolivia en Antofagasta iza una bandera boliviana fuera de lugar.  Heraldo Muñoz, canciller chileno, viajó al norte de su país y de pie sobre una acequia saludó al mundo afirmando que el Silala, las aguas nacientes en territorio boliviano que empresas chilenas canalizaron para sí, es un río. Enseguida, perdidos por perdidos, unos funcionarios aduaneros y dos militares, todos bolivianos, son detenidos por las fuerzas de seguridad chilenas y denunciados por los camioneros chilenos por extorsión.  Que si fue 150 m. acá o 150 m. allá de la línea imaginaria de la frontera, la improvisación  se volvió un serio tema penal porque los apresados pueden quedar encarcelados hasta por 28 años en el extranjero, según la tipificación chilena de los delitos de los que se los acusa.








Jugando a los estrategas del jueguito de mesa Batalla Naval, acá alguien se pensó muy vivo y que todos nos vamos a creer la historia de que dos soldados sueltos, reducidos por un par de homólogos chilenos fuertemente armado y movilizado, y unos funcionarios de Aduana, van a detener un cargamento de contrabando viajando en camiones chilenos, sin orden de proceder superior de ninguna de las instituciones a las que pertenecen, sin autorización de cancillería, sin talonario de formularios de notificación. Hubiera sido el primer caso, no recuerdo otro denunciado públicamente en la historia reciente, salvo las periódicas noticias que llegan de medios chilenos del ingreso de estupefacientes bajo diversas modalidades de aquí hacia allá.

 



Poco feliz provocación del Presidente Evo Morales al gobierno chileno el día del #MarParaBolivia. Los comentarios a su post en Twitter expresan el malestar. Hay muchos chilenos solidarios con la causa marítima boliviana.



 

He enviado por encomienda 20 libros con destino a una asociación sin fines de lucro de personas con autismo a Santiago y fueron decomisados en Arica, etiquetados y enviados a una bodega.  Intenté enviarlos gracias a la buena voluntad de un amigo viajero que hizo espacio en su mochila para otros nuevos 20 libros y el mismo destino, con el mismo resultado.  Nadie me dio el premio a la editora buena gente ni aspiro a un monumento con mi nombre: apenas aprendí la lección de que a Chile no hay que enviar nada si no cumplo con las normas, me gusten o disgusten, que allí aplican implacables a cualquier cosa proveniente de Bolivia.

La estrategia de autovictimarse para sustentar la consigna #ElMarNosUne queda desvelada cuando el gobernador del departamento de Oruro declara a los bolivianos detenidos en Chile como “héroes de la reivindicación marítima” y cuando el abogado chileno que se ofrece o les gestionan a estos nueve bolivianos condenados por la insensatez institucionalizada, tiene como primer título de presentación, la militancia del Partido Comunista. ¿Un hecho administrativo con rasgos penales y de violencia al derecho internacional, con detenidos nacionales en país extranjero, es enfrentado ante la jurisdicción competente chilena como una interpelación política?

Todo ha sido una jugarreta de mal gusto de ambas partes, con la que han logrado un escenario de incertidumbre y desasosiego de la población civil -supongo que de ambos países- respecto a la poca estatura de la clase política para dirimir pacíficamente un problema entre países que, para los discursos de ocasión, se llaman hermanos.










Chile ha sido un mal vecino respecto al tema marítimo. Ha tenido como política de Estado el engaño permanente, afirmando en los escenarios internacionales su predisposición para atender la demanda boliviana de más de un siglo pero en los hechos, la relación bilateral ha sido muy distinta, negándose a discutir una reparación histórica.

Papeles van, papeles vienen, quien gesticula y habla mejor, quien gana más puntos en el rating mediático internacional, todo es anecdótico:  hay nueve personas enfrentadas a un juicio por cumplir órdenes que hasta el momento no han sido exhibidas o incumplir y exceder las funciones que les corresponden.

De ahí a “héroes de la reivindicación marítima”, por favor. Por una vez, dejemos de hacer el ridículo y esperemos que el Tribunal de La Haya tenga el sano hábito de regirse por los memoriales y que entre medio, no se haya filtrado el bichito viral del surrealismo del Pacífico sur latinoamericano, para expedirse -tal vez el año que viene- sobre la obligatoriedad de Chile de atender la justa aspiración boliviana.




 









Foto de portada: El mar… de Fernando Figueroa.

Una autoventa en la casa de la familia Banzer Prada

Estamos destinados a ser un pueblo sin memoria ni historia.

¿Cómo se entiende que el Plan Regulador apruebe la construcción de una sala de exposiciones de vehículos, autorizando la demolición de la tremenda hermosa casa de una planta de la familia Banzer Prada, sin consultar primero a historiadores, especialistas o a Patrimonio Histórico? ¿O es que esta consulta fue desestimada? Sería bueno saberlo.

Oruro dio un presidente a Bolivia y ya tiene un museo más grande que Orinoca; Santa Cruz no pudo guardar en la memoria el patrimonio de ninguno cruceño.




Otro crimen urbano, de los que vienen a título del progreso sin compasión con el paisaje, la memoria ni la fisonomía de la ciudad, de la magnitud de la desaparición de la vivienda del Gobernador Francisco Javier Aguilera en la esquina Chuquisaca y Ballivián en los años setenta; del derribo de los mangales del 3º anillo y Av. Beni (hoy un parqueo que en carnaval fue garaje de desmanes), del monte cerrado que se erigía entre árboles y monos en el 4º anillo y Av. Roca y Coronado; del propio bosque de varias especies nativas que existía en el lugar aledaño a la foto de portada, donde fue construida y funciona la sucursal cruceña de Porsche.

 

El diario El Deber publica en portada la foto de la demolición y describe que los nuevos propietarios son los dueños de la empresa “Crown (que) es la distribuidora oficial de la marca Toyosa (¿Toyota?) en Bolivia, pero independientemente también trae otras marcas como Sinotrack, que son camiones chinos, además de Volvo, SDLG, que es maquinaria pesada de construcción.”

Es una nueva pérdida de la memoria urbana e histórica de Santa Cruz de la Sierra, que además ha ido transformando las esquinas de sus rotondas en centros comerciales, supermercados o farmacias con parqueos irregulares sobre intersecciones de avenidas de alto tráfico vehicular.

En la casona vivió hasta su fallecimiento la viuda del dictador y luego presidente constitucional Hugo Bánzer, una de cuyas hijas y herederas de la vivienda, fue acusada de enriquecimiento ilícito por actuaciones financieras de décadas atrás en la actual gestión de gobierno.


La casa del fallecido ex Presidente Hugo Bánzer Suárez y familia era una construcción de estilo de las típicas casonas cruceñas con patio central, noria y una sola planta. Fue demolida y en 45 días comenzará la construcción de una sala de exposición de vehículos. (foto: publicada por diario El Deber)


No deja de llamar la atención que la familia del también fallecido ex ministro de Bánzer, Guillermo Fortún, tuviera su vivienda embargada en la sede de Gobierno también por juicios iniciados por el Gobierno, la cual fue entregada por su hija en anticrético a Gabriela Zapata, ex novia de Evo Morales, hoy enjuiciada por 6 supuestos delitos.

Respecto a la conservación de bienes patrimoniales urbanos y del medio ambiente, especialmente de las arboledas de la ciudad, en la misma zona de Equipetrol, sobre el 3º anillo y el Canal Isuto, se construye otro edificio comercial, aparentemente de la empresa Rodaria, que ha respetado los árboles del lugar.

En otros lugares del mundo, las administraciones nacionales, regionales o locales velan por preservar dentro de lo posible los iconos del patrimonio natural, histórico y cultural de sus pueblos. En Buenos Aires, por dar un ejemplo, la trágicamente recordada Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) fue preservada como Museo de la Memoria.

Hace poco, en un esfuerzo privado en Santa Cruz de la Sierra, la Casa Melchor Pinto fue abierta al público en lo que “pretende ser un centro cultural articulador de las diversas artes, que promueva la identidad y la cultura en la capital cruceña”.  El bello lugar surge en base a la restauración de la vivienda y consultorio médico del patricio cruceño con varias modificaciones.  Varios visitantes que conocían el lugar original señalan que el consultorio del Dr. Pinto daba a la calle y no estaba detrás de la construcción, que no se exhiben los retratos fotográficos que el médico hacía a los cuellos “cotudos” de sus pacientes ni su biblioteca.

En la intersección del Tercer Anillo y Canal Isuto, otra autoventa fue construida respetando la arboleda existente.



En la intersección del Tercer Anillo y Canal Isuto, otra autoventa fue construida respetando la arboleda existente.

La frontera, espejo de cada país

El 26 de enero de 1977 conocí lo más parecido al fin del mundo, según relataban las creencias que leí, anteriores a la teoría de la redondez del planeta.  Por un instante pensé que los antiguos debieron llegar a la frontera argentina colindante con Bolivia para sostener que la Tierra era plana, la sostenían cuatro elefantes y una tortuga de mar.




Mi padre había decidido dejar la patria que lo cobijó 20 años, le dio ingeniería universitaria, un trabajo digno en una empresa sólida, esposa, tres hijas y un hijo, para volver a la Santa Cruz prometida, la que la segunda generación de profesionales formados en el exterior quería construír a partir del Comité de Obras Públicas de entonces. El sur se había convertido en un lugar incierto, doloroso, cruel, espantoso, en el que mamá debió quemar los libros que hablaban de libertad, justicia y un mundo para todos, mientras el sol refulgía en el cielo celeste, el bosque echaba sobre la piel el aroma de los eucaliptos y el trinar de los pajaritos, la escuela anexa a la UNLP se erguía brillante y compañera, los adultos empezaban a hablar en los lugares públicos a escondidas para que no se escuchara la verdad.




Recorrimos en el Renault Break los 1782 km. que separan a la ciudad de las diagonales y Tartagal, atravesando medio país, deteniéndonos en cada retén de gendarmería, papá documentos en mano, hija de acompañante como copiloto y los ojos como platos.  En Tucumán, las armas empuñadas por los militares requisando sobre la ruta parecían menos ofensivas desdibujadas por la lluvia. Era una película de miedo, soledad y tristeza con la promesa de que lo que vendría sería un mundo mejor.

Acercándonos a la frontera, el paisaje era desolador. El cielo, además, se caía en cascadas. La fila de personas aguardando el turno para realizar el trámite migratorio hormigueaba en el barro pantanoso, entre brazos mojados cargando canastas cubiertas de plástico celeste y ofreciendo salteñas y golosinas de mala calidad. Niños con mocos, librados al azar, con padres que no se sabe adonde miran si miran y caminan sin tomarlos de la mano, enormes aguayos y telas cosidas envolviendo bultos que nadie sabe qué contendrán, camiones destartalados trasladando animales, personas y cargas como si fueran lo mismo, igual.  Un funcionario y un policía eran los dueños del sello y de la autoridad, mientras afuera cruzaba como Pancho por su casa, quien tuviera el vehículo que no quedara plantado más allá. Los ofrecimientos de objetos, servicios y combos merecían ser utilería de película de la serie Mad Max.




Hoy han pasado 40 años y guardo mi viejo pasaporte argentino como testigo de esa frontera que marcó con tatuaje de fuego mis primeros 13 años de ingenuidad. Volví a cruzar las fronteras bolivianas por varios lugares, al oeste, al sur y al este, de ida y de vuelta, varias veces, por diferentes motivos y hay menos barro cuando llueve pero más muladar, muchos más bultos y muchas más personas que vienen y que van, los mismos niños librados a la suerte de la calle, de que los puedan robar o aplastar, la misma desprotección de quien pasa, la misma horrible sensación de inseguridad, de que por la mirada de quien te observa estás sujeto a un sello que te nieguen porque sí o que te salve, si querés continuar. No hay orgullo nacional en la frontera, ni posta, ni escuela, ni plan de vivienda social, ni ley ni civilidad. Sólo el sello que te permite pasar si es que todo aparenta para el funcionario y el policía, un día suyo con normalidad. Afuera, a pie o en vehículo de alta gama o camión transnacional, sigue siendo tierra de nadie. Con nada en los bolsillos o con millones para evadir o contrabandear.




Las fronteras son el triste espejo del país, del Estado que se organiza para existir y allá es el precipicio de la ridícula vanidad. Sin fronteras, los kilómetros de montes, selvas, pampas, ríos, lagos, desiertos y montañas se continúan sin interrupción, bellos, eternos, universales, paisaje para el alma y contemplar.

Pienso en Abaroa y los 6.754 km. de fronteras de Bolivia. Hizo patria viviendo en ese lugar, lejos de cualquier vestigio de ese Estado desconocido, que nunca llegó a buscarlo para ocuparse de darle condiciones de educación, salud, urbanidad. No defendía sino su propia vida, como cualquiera que aspira a vivir y que lo dejen vivir en paz. Pienso en Trump y el muro que les encantaría levantar a nuestros vecinos alrededor de los 6.754 km. de fronteras por donde les ingresa droga, informalidad, ignorancia, mano de obra que elige la esclavitud organizada al abandono y la desesperanza del sálvese como pueda mientras no se deje pillar.

Quizá este tiempo de restauración del ridículo, en contrapeso de la larga data política discursiva vacía de realidad, deje en evidencia tantos años de mentir que el cambio es un proceso mientras casi todo sigue igual.