18 de septiembre, fiestas patrias chilensis

Y mientras tanto, Chile para mí es la fonda dieciochera de las Nonas en Loreley. Nadie disfruta las fiestas patrias como ellas: adornan el jardín, la casa, ponen música folklórica en la radio, amasan y hornean empanadas de pino (y de pino sin carne), esperan que el asado de los hijos esté listo y abruman con ensaladas, platillos, tortas y postres elaborados con mucho amor. ¡Felicidades, familia chilensis!

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Intuiciones, lecturas y escrituras

Cuando digo que sólo tengo dos ojos, dos oídos, dos pies, dos manos, una boca y una cabeza para 18 pestañas abiertas, no me refiero a las ventanas de la pantalla de la computadora únicamente, sino al montón de cosas que se me presentan cada día e intento poner en algún archivero, para no morir sepultada y más bien resolverlas o sortearlas, según venga la mano y la posibilidad. Y no exagero.

Tengo estantes, carpetas, cajones, cajoncitos, cajas, baúles, álbumes, archivadores, cuadernos, libretas y agendas en mi pequeño ropero, mis bibliotecas y el escritorio, atestados por ellos, aún cuando en esos arranques de desapego y desprendimiento de lo que ya se fue, no es o le hace más falta a otros que a mí, me deshice de tantos libros, papeles, archivos, borradores, textos, revistas, suplementos, videos, entrevistas, programas y tanto trasto.



Ultimamente pinté la pared negro pizarra y me entretuve con tizas de colores dibujando las letras que describen mis empeños laborales, mis producciones intelectuales, mis ocurrencias, mis aprendizajes. De las 18 pestañas, 10 aparecieron de desempolvar y soñar publicaciones y escritos que logré empezar a organizar en categorías virtuales para dejarlas impresas en los algoritmos desconocidos de la gran nube.  Aquella gran nube a la que ha arribado la tecnología y el ingenio humano hasta que las llamaradas del sol, los tráfagos y los huracanes, las inmensas olas de las que son capaces los mares, derriben de su ningún lugar en el mundo.

Las intenté en igual número de blogs, posiblemente. Desparramados. Como cada uno de todos mis empeños. Hechos a mano, personalísimos, a pura intuición, sensación y percepción, a puro prueba y error, a puro leer y aprender, a puro mirar y ensayar, a puro hacer y hacer y hacer, como buena migrante que heredó las capacidades de siglos de supervivencia, que no conoce otra forma de ser libre que el amor, el compromiso y la lucha. El amor a Dios y a la vida, el amor a los hijos y a la familia, el amor a los dones y a las oportunidades, a los desafíos y a los propósitos, a las responsabilidades y a los asombros, el amor a las ideas y a los otros, el amor a servir y ser consciente.

Y el compromiso y la lucha, los únicos medios de ser buena misionera, buena peregrina y buena militante. Mujer que ejerce.  Yo misma. Madre y abuela. Hija y hermana. Compañera. Que siente y existe, que piensa y resiste. Poeta. Transgresora. Vanguardista. Ensayista. Periodista. Relacionista. Política. Confesora. Crítica. Secretaria. Telefonista. Escritora. Activista. Muchas vidas pasadas en una sola vida. A puro pulmón y poniendo la frente, la sonrisa, el pecho y la pluma.

Mis medallas están grabadas en cicatrices de parto, de cuero bajo la piel, de ojos que ven más allá de lo que se muestra, de oídos que escuchan más allá de lo que se dice, de intuiciones que me salvan, de dudas que crecen con el conocimiento, de certezas que se afianzan con los años, de arrugas de tantas risas, de ojeras de tanto llanto. Mi premio mayor, dentro de lo posible, es mi estado de loba esteparia. Irrenunciable y dichoso.

 



Reúno ahora en este blog que hizo Hijo Ig hace dos años, todos esos intentos que empecé y desperdigué en el ningún lugar de la nube e incluso eliminé por desuso o desconfianza en este universo que es internet, tan extraordinario para las búsquedas positivas, los encuentros, la curiosidad, lo mejor del ser humano, y tan deleznable para el daño, la mentira y la falsedad, lo peor de la miseria humana, nada más y nada menos que el fruto del cerebro real humano.

El rediseño es parte de esta nueva etapa que surge naturalmente después de trabajar y de disfrutar en la obligada y fascinante migración digital que elegí para no quedarme atrapada en la ignorancia que impide a una generación fracasada enterarse, darse la posibilidad de vaciarse de conceptos equivocados y consignas sin futuro para reaprender y apoyar a las nuevas generaciones desde la innovación. He podido de esta manera aportar con mis pensamientos, mis experiencias, mi sentir y mi percibir, a que mis logros personales hayan sido debidamente devueltos con creces, como lo dicta mi espíritu justiciero y solidario, a mejorar las oportunidades de muchísimos que no me conocen ni conozco pero que sé que están mejor que mucho tiempo atrás.

Los estantes de archivo del blog, las categorías como se llaman en estas páginas virtuales, son como galeras de mago, como ha sido y es mi vida, llena de sorpresas, de imprevistos, de banderas plantadas en cimas alcanzadas, de frustraciones también pero que orgullosamente -como buena vasca- motivaron volver a empezar las veces que hizo falta, hasta transformarlas en resultados logrados.

 



He aquí mis “Intuiciones”…

Versos y textos manuscritos y poemas grabados en los sentidos.

 

Ocurrencias personales en las comarcas de Twitter, Instagram, Facebook, Google+, Pinterest, LinkedIn, Tumblr, que visito.
No veo tele hace 13 años así que procrastino todo lo que puedo, como se debe.

 

Es mi lugar en el mundo, donde confluyen mis momentos y mis experimentos, mis libros y mis seres queridos, humanos y perrunos y gatunos, mis sueños y mis alegrías, mis quehaceres, mis golpes y mis versos, bajo la sombra del enorme árbol que testifica desde hace 50 y me acompaña desde hace 20 años.

 

Resido en Santa Cruz de la Sierra, ciudad que enamora, hace cuarenta años. Allí radica mi hogar cerca de mi familia inmigrante y formé la propia. Allí fui parte de la historia de sus últimas cuatro décadas. Lo soy. Le debo más aún.

 

He aquí mis “Lecturas”…

Los 365 días del año nos señalan además del mes y el número, una fecha especial que destaca un valor que nos une como humanidad. Que valga para impulsarnos a ser mejores personas.

 

Punto G es mi punto de vista, mi lectura acerca de la realidad que nos rodea y el nombre de mi espacio editorial en la revista Piedra Libre y mi columna de opinión quincenal en el periódico boliviano La Razón.

 



Y he aquí mis “Escrituras”.

 

Crónicas y perfiles, notas de viaje e historias vividas que me falta contar desde mis ojos, mis sensaciones, mis intuiciones. Vivo en los sitios que son parte de mi vida: La Plata, donde nací, viví mi infancia, inicié la adolescencia y donde viven mis amigos más entrañables; Santa Cruz de la Sierra, la ciudad que enamora, que me cuida y cuido; Santiago de Chile, Buenos Aires, Nueva York, Dublin, La Habana, Holguín, Recife, Río de Janeiro, Barcelona, Tres Arroyos, Santiago de Compostela, Santiago de Chiquitos, Chochís, La Paz, Sucre, Las Cruces, Isla Negra, Iquique, Pamplona, Villafranca, San Sebastián, París, Madrid, Redondela, Porrilño, Tui, Lisboa, Mar de las Pampas, Rosario, Altagracia, tantos sitios que amo, que disfruto, que me adoptaron y adopté.

 

Memorias que hacen falta cuando la historia de las cosas se cuenta a medias.

 

 

Amo el estilo epistolar y la vida me puso en el camino a personas extraordinarias con quienes intercambié cartas que conservo. En estos tiempos que el correo postal quedó prácticamente en desuso, me resisto a abandonarlo y vaya paradoja, quiso el azar destinarme un compañero que me escribe cada mañana hace casi nueve años como si no existieran 3000 km. de cordillera ni días de viaje u horas de avión, entre nosotros. Después de “Cartas de amor con café batido” y “Nuevas cartas de amor con café batido” y en estos tiempos revueltos, “Cartas de amor después de la tormenta”.

 

Cuentos, recuentos y recontracuentos sin advertencias para grandes niños.

 

En unos días, este blog irá migrando como los pájaros y los humanos, mis antepasados más lejanos y mis abuelos, mi madre, mi padre, mis hermanos. Como debe ser. Como soy. Como quiero ser.

Para migrar dejando un poco de lo mejor de una a cada paso, desprendiéndonos hasta conseguir irnos con la misma nada que llegamos, es que venimos al mundo a prepararnos para seguir migrando.

 



Hoy se vive.

Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1981) transita la delgada línea de la conciencia y los juegos de la mente, muchas veces perversos y tremendos, a manos de la condición dramática y hasta devenida en trágica del ser humano.

“Nuestro mundo muerto” (Editorial El Cuervo), con los cuentos “Chaco” y “Caníbal” acreedores del Premio Aura es un libro a quemarropa, crudo en lo humano y bello en lo literario, que logra remover la psiquis y las emociones del lector sin posibilidad de quedar indiferente. Cuando la realidad es trabuscada con una cirugía tan precisa como el pulso del relojero en el segundero, la ficción resulta un auxilio menor.

Larga vida a la pluma de Li Colanzi.

Marirrós, buen viaje guerrera exquisita

Qué noticia más triste. Te fuiste, guerrera. Te fuiste hermosa sobreviviente de los dolores más duros y de las batallas más íntimas, Mary Ross Tonelli. Los huracanes, las tempestades, los tifones, la fuerza de la naturaleza y la teoría de la relatividad, de la evolución y la ley de la vida, querida mía, suceden finalmente como estaba escrito. Implacables.

El último día de agosto, después de 30 años recorridos con los hijos a las colonias de verano y luego solos ellos por su cuenta disfrutando los días, las tardes y los anocheceres del Urbarí Racquet Club, había enviado mi carta de solicitud de baja de aquella cuota accionaria que mes a mes pagamos casi desde los inicios de este centro recreativo. Pensé más en achicar gastos que en los beneficios que tantas veces me mostraste, cuando en las mañanas lluviosas te encontraba tan temprano radiante, empezando a ejercicio pleno y a tu ritmo, la jornada que le ganabas a la vida.

No te conocí en mi ciudad de nacimiento, donde estudiaste como mis padres unos años antes que vos en la Universidad Nacional de La Plata, y donde viví hasta enero de 1977, poco después de terminar la primaria.  Aquí supe tiempo después, mucho tiempo después, que fuiste una víctima sobreviviente del terrorismo de Estado, junto a tu pequeño de meses, y del horror perpetrado en Mingo Teruggi, un abogado justo, de ideales y méritos, defensor de los derechos humanos, uno de los fundadores de Franja Morada, la opción democrática universitaria de la Facultad de Derecho, secuestrado y asesinado junto a Sergio Karakachoff.

Nos encontramos por primera vez en la sala de teatro de la Casa de la Cultura, en la Santa Cruz de la Sierra de finales de los 80, celebrando larga vida a Los Artistas, esa comparsa de bohemios irrebatibles a la que pertenecía el querido Topeka Moreno, tu entrañable esposo con quien hicieron una pareja que contagió ternura, un enorme amor, un gran compañerismo, donde fuera que estuviesen. De Topeka, guardo en el recuerdo, todo lo aprendido de sus informes técnicos como gran profesional de la Corporación Regional de Desarrollo, especialmente en el desarrollo de las provincias cruceñas, quizá el único experto en el área social de esos tiempos. Un ser humano de calidad superior como la tuya y como la del equipo de amigas hermanas, esas personas que se encuentran y se eligen hasta el fin de los tiempos, sin que necesariamente existan lazos de sangre de por medio. Gigia, Ceci, Marthita, Yubinka, María Renee, todas mujeres de una generación de avanzada, profundamente humanas, sensibles y sabias. Tu familia grande más allá de la enorme familia Tonelli, de hermanos cultos y queridos. Fuiste amada y derrochabas amor por donde pasaras, amor a tus hijos, amor al planeta y a un mundo más solidario, respetuoso y pacífico, al arte y la música, al yoga, a la huerta, al aire libre, a las plantas.

 

 

 

Lo triste del momento no empaña la grandeza de tu alegría, de tu inteligencia, de tu amor a la vida, que se queda entre los tuyos y un poquito, quiero que conmigo. “Lo ideal es una copa de vino al atardecer, leyendo un libro”, sonreías quizá planeando el final del día, después del trabajo de laboratorio como la gran profesional bioquímica y compañera de tu equipo que fuiste en Biomed y la Clínica Urbarí. Te pintaba de cuerpo entero aquella máxima: “No compitas con nadie, no tienes que demostrarle nada a nadie. No tienes que llegar adonde otro llegó, sólo superar tus propios límites. Sé la mejor versión de ti mismo”.

Ya entonces tu lucha de sobrevivir a la enfermedad mortal de Topeka, era la de sobrellevar la propia. ¿Quién podía hacer otra cosa que admirar tu entereza?

 

 

Hoy quería contarte, Mary Ross, que decidí revocar esa carta y volver al lugar que extrañará tu perseverancia, tu prestancia y tu presencia admirables, pedaleando la bicicleta estática con un donaire como ninguna mientras leías tras tus lentes intelectuales, apoyado sobre el manubrio, el periódico completo de punta a punta.  Intentaré hacerlo más seguido para que miremos las palmeras, escuchemos el viento, disfrutemos la vista del agua de la piscina a través de la ventana y celebremos habernos conocido los pocos instantes compartidos.

Te debía estas líneas que no tuve el momento para dedicarte, al acabar de enterarme estando lejos que, a mi vuelta, ya no estarías. Buen viaje hasta el cielo y más allá, Choss, junto a tus seres de luz, maestra querida de la vida.

3 de septiembre, Día del peatón

Hoy es el Día del Peatón.



Los que hacen deporte, zumba y dicen mal no seas mojón, los medios que desinforman, ayuden a recordar que no tenemos aceras, ni cruces peatonales y las grandes avenidas tienen cada vez más rejas que dejan sin paso ni alternativa a quienes caminan y dan luz verde a la alta velocidad de los vehículos.

Hoy es día de subrayar que hace mucho venció el plazo a los que diseñan y construyen calles, carreteras, puentes y avenidas, que cuando echan cemento para micros y autos, tienen que pensar que están dejando sin ancho de vía pública a quien camina, a quien rueda en silla, a quien anda en bici o en cochecito empujado por sus padres y que esa vía pública es la primerísima que se debe solucionar: lo que quede que sea para las máquinas y no al revés como se ha hecho desde que ochavaron Santa Cruz de la Sierra.

Las aceras también son espacio público, son el espacio de los peatones y hacemos piruetas para sortearlas, nos embarramos, nos empolvamos, nos torcemos los tobillos, nos arriesgamos a ser atropellados si están obstruidas y nos obligan a descender a la calle.

Y hacerles acuerdo también a los pacos y la gendarmería, que andan mirando celulares o estacionados de a montón en una esquina cada kilómetro, que quien camina no es un daño colateral.

Para eso era el Día del Peatón. Para recordar también hoy, que primero es lo primero y los seres humanos nacemos para caminar y movernos con autonomía -vaya paradoja-; el auto es opcional y un arma letal cuando lo conduce cualquiera que cree que se ha ganado algún derecho adicional, como acelerar para intimidarte o mirar con desprecio por la ventanilla.