¿A quién se le ocurre cerrar el Correo?

Hay países sin ejército, pero ninguno sin correo.

Si cierra Correos de Bolivia, la empresa nacional de envío de cartas, encomiendas, documentos, tarjetas, ¿Bolivia se queda sin Correo o privatiza el servicio?

La empresa más deficitaria del Estado boliviano, en esta escala capitalista utilizada por el Gobierno para medir costos y beneficios, son las Fuerzas Armadas, no Ecobol (Empresa de Correos de Bolivia)

En un régimen que falsea con la retórica del socialismo, se quiere hacer ver como argumento que otros medios han desplazado a un servicio básico, público, estratégico y milenario como el correo. ¿Sabrán además que existe la filatelia? ¿Olvidaron o nunca supieron que más humana es la letra manuscrita que la tecla, el papel doblado, perfumado y dibujado que el enlace electrónico, el paquete envuelto en tela cosida a mano que el cheque para que allá te compres, el chocolate y la película en medio de los documentos, la casilla o el cartero en vez de la llamada pase por la ciudad porque a su pueblo no llegamos?

Hay que cerrar el Ejército y repartirlo como guardia de los espacios públicos, desde los Parques nacionales hasta las plazas y calles de cada pueblo y ciudad, a la Fuerza Aérea como pilotos de aviones de turismo y socorro, a la Naval a navegar y cuidar ríos y lagos.
Al correo, hay que enseñarlo y practicarlo. Desde la escuela y en casa. Escribir más allá de las tareas y los cuadernos. Escribirle a alguien, a la familia lejana, al amigo que no ve hace años, al jefe al que no se anima a decirle enfrentados, a quien le haga falta, viva en en el mismo lugar suyo o en aquel pueblito adonde sólo llega tal vez la energía eléctrica o la maestra a pie. Leer lo que se recibe escrito por quien necesitaba comunicarse. Comprar y pegar estampillas. Coleccionarlas. Elegir o mejor, hacer tarjetas. Preparar encomiendas. Qué sorpresa grata alegrará la vida de quien reciba el sobre de papel, que guarda prolijamente el regalo insospechado, con ternura y la imagen del remitente que se ocupó de vos. A los correos y a los carteros, como a los bomberos y los recolectores de basura, hay que quererlos, respetarlos y cuidarlos.

¡Mis respetos a los antiguos mensajeros sumerios y egipcios, los hemerodromos griegos, los estafetas y postillones franceses, los chasquis del Imperio Inca, hoy representados por los valientes carteros, especialmente los de mi zona en Santa Cruz de la Sierra!

¿A quién se le ocurre cerrar el Correo, en lugar de reinventarlo?

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