Bio

Nací en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina, durante el invierno de 1963, nieta de vascos laburantes e hija de cruceño y tresarroyense, encontrados en la UNLP, devenidos en el ingeniero y la arquitecta y padres de cuatro, todos cómplices de mi entrañable infancia.

Vivo a pasos del cuarto anillo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el lugar que me recibió el 23 de enero de 1977, cuando la dictadura nos cambió la vida y me llevó a la última frontera de un pueblo con 400 años de soledad, en el que la vecina de enfrente era la lechería de la viuda de Mantovani y nuestra casa familiar surgía en el primer plan de viviendas de la Cooperativa La Merced, sin muros ni rejas, a la calle de tierra y el monte como paisaje urbano.

Libre, apasionada y desarraigada, crecí a golpe y porrazo, a la par de la incipiente metrópoli, caótica, emprendedora, intuitiva, clandestina, rebelde, enamorada.  Eché raíces hace casi veinte años en la casa del mango  y desde allí, despliego como Juan Salvador, mis alas.

Vuelvo en cuanto puedo a la ciudad de las diagonales, donde radican mis memorias, mis afectos y el bosque de los que nunca me fui, y aleteo otro poco a los altos de Loreley, el lugar en el mundo que me abriga, allende los Andes, camino al litoral de los poetas.

Mamá y abuela, habitante de barrio abierto, militante del sur y del amor, femme sapiens, leo, contemplo, escucho, mateo, escribo.  Siento luego existo. Pienso luego resisto.

Dicen de mí que ella crea y recrea estados de ánimo, canta lo que se le canta, piensa lo que dice, dice lo que piensa, se reinventa; abarca y no aprieta, llora y ríe sin desteñirse, tiembla de injusticia, abraza de pura canceriana, paga solita todas sus cuentas, se encuna cada noche que no hay canto, baile o guitarra y celebra con un feliz día, feliz nuevo año, feliz vida, cada mañana.

Mezcla de trotamundos, mariposa y gaviota en la ciudad, levito a cinco centímetros del suelo, intenso, y sueño despierta cuando muchos mueren de sueño.

Comparto mi planeta urbano con cuatro hijos maestros, dos nietos de cuento y la vida me trajo un compañero de juegos, risas, textos, infortunios, aventuras y descanso.

Me bulle la sangre vasca, la educación pública y el alma cruceña, peligrosa amalgama de soledad, rebeldía y fiesta.

Vivo ante, bajo, con, de, desde, hacia, para, por, según, sobre, tras las letras. Desde hace 11 años, construyo ideas en mi taller de textos, relatos, poesía, guiones y propuestas educativas. Activista con causa, escéptica de la política posmoderna y entusiasta caminante del mundo desobediente que vuelve a la naturaleza, me propongo escribir a diario y los cuadernos me miran preguntándole a mi plumafuente para cuándo.