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No llorés, ma. Me pediste riendo mientras contabas a la familia que me lo habías pedido también en el aeropuerto, cuando viajabas a Alemania de intercambio escolar, a tus 16 años. Aquella vez aguanté para darte el gusto y no pude: mi bebé tenía alas y volaba por su cuenta. ¿Cómo explica la razón al corazón, a las entrañas, para que dejen de contraerse de angustia? Las madres son más fuertes ante el sufrimiento, las enfermedades, el dolor, los obstáculos y los contratiempos porque han experimentado esa sensación incomparable de pérdida, de casi amputación. Lloré a moco tendido cuando volvió Ignacio de aquel viaje.
[gallery type="rectangular" ids="464,465"] Harto nos recuerdan de la historia del Colegio Alemán, de fundadores, maestros y alumnos, de quienes pasamos por sus aulas como escolares o como profesores; luego, como padres de familia: hoy me nace decir, como madre de bachilleres… nuevamente.
[gallery type="rectangular" ids="562,563,564,565"] Anoche, al despedirme de la jornada y pensando que hoy se recuerda el día de la madre boliviana, mi oración fue de agradecimiento y alegría: "Buenas noches a todos, encantada de la vida, pienso que mañana me regalaré un día de congratulaciones a mí misma por los cuatro floripondios que de a uno, de a dos y de a cuatro, me llenan hace 30 años la vida de razones para no perder el tiempo y desconocer el aburrimiento, la flojera, la ociosidad, el despilfarro, la depresión, la ignorancia, el conformismo, la queja... ¡Felicidades a mí! ¡Me amo!"
[gallery type="rectangular" ids="556,557,558"] Hacía días que me tenía inquieta, que me llamaba releerlo. Tenía necesidad guardada de volver a llorar por el mundo, ése que hemos malparido inerme a sus ancestros. Intuía aferrarme a las lecciones de vida de mis abuelos, de mis padres, de mis maestros de infancia y de aquellas contadas personas que encontré sin querer y para siempre en este camino de túneles donde espantar la oscuridad.
“…Si me levanto temprano, fresco y curado, sano y feliz… Pero si un día me demoro, no te impacientes, yo volveré más tarde. Será que a la más profunda alegría me habrá seguido la rabia…” (Días y flores, Silvio Rodríguez) Alguien robó mi computador y, con él, se llevó una telita roja de algodón, a manera de individual, que bordé en punto cadenita con flores de colores en la primaria. Quiero mi trapito que guardé 35 años. Con él envolvía mi pequeño computador, compañero de viajes y escritos, y era el infinito mantel de mi espacio de letras. Pobre ladrón que hace llorar mi corazón.
Hace más de cinco años que “volví a casa” porque decidí ser feliz conmigo, con los míos y con lo que creo… y después todo lo demás. Ha sido una de las decisiones concientes más geniales de mi vida. Hago muchas cosas más que antes de las que me gustan, gano mucho menos dinero y lo necesito sólo para pagar las cuentas que aún es imposible saldar de otro modo.

— [ ya ves ]

— [ hora de los azules violáceos ]

— [ miro ]
Es tan raro escribir sobre Chile para mí. Los prejuicios históricos y culturales hicieron carne también en mí. Argentina desde antes de la época de las Malvinas y cruceña desde después del Litoral boliviano. Yo encontré en Chile lo que no encontré en muchas partes. Y lo digo sin remilgos, a pesar de esa aparente falta de identidad celebrando el pisco, su selección de fútbol, la mirada al resto del mundo como si supiéramos de ellos... Chile es más que una economía saneada y un pueblo hastiado de dictadura y de crisis.