Dibujo de la misión de San José de Chiquitos, según Alcides D'Orbigny en 1831. Expuesto en el Museo de la Iglesia de San José de Chiquitos. Foto: Gabriela Ichaso (2017)

No fue utopía, el legado no debe morir

Los chiquitanos han hecho del catolicismo parte de su identidad, incorporando contenidos provenientes de su cosmovisión, según la cual la tierra ha existido siempre sujeta a un proceso cíclico de destrucción y reconstrucción por “el agua, el fuego y el ventarrón”.

Jorge Riester

El 31 de julio es la fiesta patronal de San Ignacio de Moxos (Beni) y San Ignacio de Velasco (Santa Cruz), en honor del fundador de la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola, que murió ese día de 1556.  Desde 1541, cuando eran sólo él y seis más, esta orden sacerdotal pasó a 10.000 religiosos en 15 años.

Los que llegaron a América del Sur, al igual que los demás misioneros enviados a lugares desconocidos donde la población aún no había tenido contacto con los europeos, arribaron con su voto de pobreza, viajando con lo puesto, una Biblia, un crucifijo y un instrumento musical.

Las misiones no fueron pensadas para ser parte del comercio ni de la administración que se imponían en América sino que buscaban que los indígenas mantuvieran su lugar de origen, sus costumbres, sus conocimientos, dentro de un modelo cristiano. Esa visión, utópica para el sistema, optaba por una vida digna y productiva para todos en la comunidad.

En el conjunto misional de San José de Chiquitos, la guardiana y guía del museo de la iglesia, Friné Torrico Orozco, nos condujo por la historia y obra que aún viven en miles de chiquitanos.  Allí leímos esto:

Memoria de Chiquitos: Historia de una Utopía

Tres cuartos de siglo (1691-1767) bastaron para que los jesuitas formasen diez pueblos estables a partir de las poblaciones autóctonas, conformadas en su mayor parte por pequeños grupos dispersos.  Estos pueblos, sobre la base de un desarrollo comunitario y dirigido, llegaron a adquirir el suficiente progreso social, material, económico y religioso para perdurar en el tiempo hasta nuestros días.

Tiempo de supervivencia

En el siglo XVII las ideas de la ilustración y del enciclopedismo influían profundamente en los gobiernos de Europa.  La expulsión de Portugal en 1759 y en Francia en 1764 fue el preludio de la de España y sus dominios en América en 1767.

La Pragmática de Carlos III se ejecutó aparentemente sin previo aviso, sorprendiendo a los misioneros de Chiquitos.  Sin tiempo para preparar a sus sucesores, fueron obligados a abandonar los diez pueblos, y sin exceptuar a los padres enfermos o ancianos, fueron conducidos hasta el puerto de Tacna.  Para las 27 misiones que dirigían los jesuitas en la diócesis de Santa Cruz fue tarea muy difícil para el obispo Francisco de Herboso.  Finalmente la mayoría de los sacerdotes fueron embarcados hacia Europa, muriendo algunos por el camino debido a las duras condiciones del viaje.

Crónica de la disolución

La Iglesia no vio con buenos ojos la evolución que se daba en el “siglo de las luces”. Percibió una amenaza en esa transformación y no se unió a ella.  En ese contexto, muchas fuerzas antieclesiásticas -masonería, galicanismo, jansenismo…- se uniceron a los gobiernos en su lucha contra la Santa Sede.

Los jesuitas eran los más fuertes defensores del Papa. En más de 800 colegios educaban a numerosa juventud de Europa y América, con gran influencia en la mente de sus alumnos.  

Para cambiar a la Iglesia había que eliminar a sus más cualificados defensores.  No faltaron aliados dentro de la misma iglesia.  El Vaticano no tuvo fuerza suficiente para evitar el fin de los jesuitas.

La Orden fue extinguida por el Papa Clemente XIV en 1773 y 23.000 jesuítas quedaron desamparados, siendo apresados el Propósito General y sus colaboradores.  Cuarenta años después el papa Pío VII restauraría la Orden.

Dibujo de la misión de San José de Chiquitos, según Alcides D'Orbigny en 1831. Expuesto en el Museo de la Iglesia de San José de Chiquitos. Foto: Gabriela Ichaso (2017)
Dibujo de la misión de San José de Chiquitos, según Alcides D’Orbigny en 1831. Expuesto en el Museo de la Iglesia de San José de Chiquitos. Foto: Gabriela Ichaso (2017)
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