Un testamento de los años 70

“Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino: “Seguimos il quo corso, e lacia dir le genti!” (¡Sigue tu camino y deja que la gente murmure!) (Dante, La divina comedia, El purgatorio, Canto V,parafraseado)

Karl Marx (1818-1883)

Cuando le pregunté otra vez después de muchos años a papá, hace poco, por qué él había decidido volver a Santa Cruz de la Sierra, su tierra natal, en 1976, cuando hacía 20 años que había radicado primero por estudios, luego por constituir su propia familia y trabajo en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, me respondió: “Porque los militares y los montoneros volvieron el país un desastre. Porque yo no podía vivir más ni quería que mi familia sufriera la vida en medio de esa guerra civil, atropellando a los jóvenes y los guerrilleros matando a cualquiera por matar, llevando a la juventud a una violencia inadmisible.”

Mi vida sucedió entre un antes y un después del desarraigo, del exilio involuntario para mí y del retorno voluntario elegido por mi papá. Los últimos días de enero de 1977 me arrancaron de la infancia y de mi ciudad natal, de mis compañeros y mis amigos, de mi barrio, de mi vereda, de mi casa, del instituto de inglés británico, de la escuela de bellas artes, de la biblioteca municipal, de los paseos por el bosque, las librerías, el tren a Capital, la bicicleta dando vueltas a la manzana, los parques y las plazas domingueras, los malones y los asaltos bailables con los chicos que te gustan,  la cultura de la clase media austera, trabajadora y estudiosa.

Unas semanas atrás, al despedirme de un amigo platense de infancia, recibí de sus manos este libro de Héctor Ricardo Leis sobre terrorismo, política y verdad en la Argentina: Un testamento personal de los años 70.  “Leelo y me lo devolvés”, me dijo Tino.  Devoré las 105 páginas de un envión.

Héctor Ricardo Leis nació en Avellaneda, Argentina, en 1943. Estudió matemáticas, psicología, filosofía y sociología en la Universidad de Buenos Aires y es licenciado en ciencias sociales por la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro, donde también se doctoró en filosofía. Tiene una maestría en ciencia política de la Universidad de Notre Dame. Fue comunista, peronista y montonero. Radicó desde 1989 en Brasil, donde obtuvo la ciudadanía en 1992. Yo había leído hasta hoy numerosos testimonios de argentinos familiares de asesinados y desaparecidos, ex integrantes de alguna de las organizaciones armadas de aquellos años trágicos, crónicas, reportajes, ensayos, novelas. Además del largo expediente de vida del autor, me llamó la atención que prologaran su testimonio presentado como un ensayo a la distancia de su protagonismo, las tremendas Graciela Fernández Meijide y Beatriz Sarlo. Un libro prometedor y así es. Publicado en 2013, aborda con valentía, autocrítica y una reflexión amplia y honesta, la violencia de los años setenta y las décadas precedentes como los largos resortes hasta la actualidad. Leis, como dice la contratapa, “a contramano de las voces que manipulan el pasado para ponerlo al servicio de los intereses del presente, propone una revisión fundamental de esa tragedia argentina.”

Sin duda es un libro polémico y desgarrador que provoca la discusión y el debate e invoca con un llamado urgente “a terminar con la autocomplacencia, la victimización y la intolerancia”. Habla del resentimiento, la reconciliación, la verdad, la confesión y el perdón “para que sea posible comenzar a construir un país con más futuro que pasado”.

Con conclusiones  muy semejantes a las que construyo yo misma desde mi empirismo, mis lecturas, mis recuerdos, mis suposiciones y mis conversaciones a lo largo de 40 años, el libro desnuda las profundas contradicciones que parecerían impedir que un país que fue ejemplo en muchos aspectos de la cultura, la producción nacional y el intelecto dé la impresión de seguir mirando atrás sin ver adelante: el país en una histórica y latente vida en estado de apronte, la justicia para unas víctimas y no para todas, la política del tuerto que ve a medias, las heridas sin cura y sin perdón y sin capacidad de reconocer las culpas a favor de la verdad y la memoria. Un libro escrito por un verdadero protagonista con la mirada objetiva de quien vivió lo sucedido y no fue espectador, ni oportunista de estos tiempos ni constructor de un relato en función a la actualidad política. Héctor Ricardo Leis murió en Florianópolis, Brasil, en 2014: el guerrillero que pidió perdón no por las ideas sino por el sufrimiento que hubiera causado.

Debería ser un ensayo de lectura y debate en la secundaria, para padres, alumnos y maestros. En mi empírico pensamiento encontré la coincidencia de mis observaciones, discrepancias profundas con los apropiadores de las ideas ingenuas y honestas de una época y de los herederos de las víctimas en su representación, mis propias elucubraciones y las afirmaciones fanáticas sobre falsas verdades.

 

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