La primavera boliviana florece en diciembre

Alejandra lleva la cara lavada, el pelo rubio sujeto con una liga y viste una calza negra, blusa negra y una pañoleta roja en el cuello. De su hombro cuelga un megáfono y por el micrófono explica al grupo de mujeres en qué consiste la actividad del día. A su alrededor muchas jóvenes, todas mayores de edad, se han repartido las tareas previamente mediante una comunicación continua a lo largo de la larga jornada, casi agobiante, a través de una red social. Algunas son amigas, otras están conociéndose desde el 28 de noviembre de 2017 cuando el Tribunal Constitucional de Bolivia indignó con la sentencia que concede al tres veces presidente boliviano, Evo Morales Ayma, y su vicepresidente, volverse a presentar para postular a un cuarto período de gobierno a continuación del que administran actualmente.

Ellas decidieron salir a la calle en Santa Cruz de la Sierra. Son estudiantes universitarias, profesionales, trabajadoras independientes y dependientes, solteras o casadas, madres de familia con niños de muy corta edad, reunidas tras la pancarta de Resistencia Civil Femenina.

Están muy bien organizadas y desde el fin de noviembre agregan a sus vidas particulares la decisión de protestar de manera pacífica pero contundente a corto, mediano y largo plazo hasta que el Tribunal Constitucional deje sin efecto el fallo que contraviene la Constitución Política del Estado vigente o se dé pleno cumplimiento al resultado del Referéndum del 21 de febrero de 2016, en el cual el 51% de la votación del pueblo boliviano dijo no a la modificación de la CPE para habilitar una vez más la postulación de ambos mandatarios prohibidos por la misma a volver a presentarse como candidatos el año 2020.

Algunas llegan al punto de encuentro para marchar, directamente después de cumplir su horario de trabajo, de clases o sus ocupaciones diarias, y si no visten la blusa o la polera negra, las distingue el infaltable pañuelo rojo e incluso, la vincha roja en el pelo, distintivos de la resistencia civil femenina que eligieron por representar con este color significando la alegría, la valentía, el coraje, el color del optimismo ante la vida.

Tomadas de los brazos a manera de corchete, en señal de fuerza común, solidaridad, compañerismo, cada día marchan desde el punto de encuentro elegido hacia el objetivo planificado. Precintaron los exteriores de las oficinas centrales de Impuestos Internos en toma figurada, repartieron huevos a quienes ingresaban o salían de la Cámara de Industria y Comercio -entidad que aglutina a los empresarios privados- sugiriéndoles por si les hacía falta; simbolizaron el entierro de la voz del Comité Cívico pro Santa Cruz por el largo silencio guardado, arrojando claveles blancos al son de la marcha fúnebre interpretada por una banda de música; colocaron pañoletas rojas alrededor del cuello de algunos monumentos simbólicos de la ciudad.  Luego caminan a la Plaza Principal de Santa Cruz de la Sierra, donde entonan el himno nacional y el local, se dirigen por el megáfono hacia los adherentes, las plataformas de otros jóvenes y sectores presentes  y los curiosos del anochecer de diciembre, a unirse a esta protesta y se retiran a preparar la siguiente jornada.

La diferencia con otras movilizaciones del pasado se observa en varios aspectos: sobresale el activismo de todas cumpliendo diferentes roles en el grupo en lugar de tener una sola persona como líder y vocera, tan propio del caudillismo de los partidos políticos, las agrupaciones ciudadanas, las asociaciones, los gremios y otras instituciones; lejos de las consignas militantes y los discursos repetidos, ellas improvisan con frescura mensajes cortos con ideas claras, insistiendo en el pacifismo de sus intervenciones callejeras y pidiendo alejarse a los violentos.  A medida que crece la participación de nuevas integrantes que se suman a las movilizaciones, no dudan en moverse de un lado a otro para asegurarse o corregir si alguien incurre en vociferaciones violentas o acciones fuera de las diseñadas para ejecutar por el grupo de base.  Son creativas y austeras, practicando la simbología de lo que quieren expresar con actos concretos y significativos, que no requieren de ningún financiamiento salvo para contar con algunas cartulinas y pequeñas pancartas, lo que dista diametralmente de las movilizaciones a las que acostumbran los partidos políticos, con grandes escenarios, luces, grupos musicales, graderías, onerosas concentraciones que incluyen costosos traslados de militancia, refrigerios, etc.: Unas docenas de huevos en sus maples un día; unas docenas de claveles blancos otro día.

El sábado 2 de diciembre, otra mujer cruceña, madre de tres hijos, Nancy Nállar, creó un grupo en Facebook al que denominó Kuña Mbarete, que significa mujeres fuertes en guaraní. En menos de 24 horas, 50.000 mujeres se habían agregado; en 48 horas llegaron a 100.000 y dos días después son más de 300.000 mujeres bolivianas que viven dentro y fuera del país. La cantidad es inédita y abrumadora. La creadora debió inmediatamente buscar entre sus personas de confianza más administradoras para intentar atender las preguntas, las ideas, la información e incluso, controlar los exabruptos de agregadas que buscan distorsionar el objetivo original que permanece públicamente en la red social:  “Grupo de mujeres valientes, que buscamos la recuperación de la democracia. Que estamos luchando por nuestras libertades y derechos. Por nuestros perseguidos, exilados y presos políticos. Haciendo resistencia de pie, en paz. Sin violencia. Con las armas de nuestras voces y presencias.”  Como es previsible, en semejante cantidad de participantes en tan solo cuatro días el abanico de pensamientos, intenciones y expresiones es extenso. Aún así, las administradoras llaman a la manifestación pacífica, sin violencia ni agresiones, convocando cada día a la Plaza Principal, “nuestra casa”, donde la improvisación también es la nota sobresaliente con oradoras espontáneas, mensajes dispersos y muchas veces hasta contradictorios pero sin olvidar en ninguno de ellos la razón que las convoca: el rechazo unánime al fallo del Tribunal a favor de la repostulación presidencial en contra de la Constitución y el respeto al resultado del Referéndum.  Por si fuera poco, el 6 de diciembre de 2017, mujeres de varios departamentos de Bolivia y varias ciudades del mundo, enviaron sus videos y fotografías reunidas en parques, plazas o marchando en las calles, movilizadas y adheridas a la causa de defensa de la democracia herida por el TCP, munidas de la bandera boliviana, bajo el nombre Kuña Mbarete y el pañuelo rojo sobre el pecho.

 

La Plaza Principal 24 de Septiembre es, desde el 28 de noviembre, el punto de encuentro diario, al finalizar la mañana o al atardecer hasta la noche, de grupos y plataformas de jóvenes y de mujeres autoconvocados, sin liderazgos experimentados ni formas de organización previa, salvando el movimiento juvenil “Me Comprometo con Bolivia”, surgido en los inicios del Referéndum de 2016, que desde entonces ha continuado inmiscuido en la observación de los procesos políticos nacionales.

A pesar de las críticas, formuladas desde diferentes frentes y organizaciones, las movilizaciones de hoy se asemejan a las improvisadas por el Comité de Defensa de los Socios de COTAS en 1997, justamente 20 años atrás, que logró movilizar a 15.000 socios de la cooperativa a una asamblea realizada en el estadio Tahuichi Aguilera y que concluyó prácticamente con la expulsión del presidente de la institución y varios cambios profundos en la gestión de la misma. O las movilizaciones de fines de los años 70 y principios de los 80, cuando mujeres mineras y obreras, como jóvenes políticos, profesionales y gestores culturales lucharon para recuperar la democracia.

Que si les apuntan descoordinación, momentos radicales, falta de liderazgo, desorganización, arrebato o les auguran poco futuro, en lugar de constituir un defecto atribuido desde voces descalificadoras y provenientes en su mayoría de las estructuras viejas y el pasado político, representan a todas luces las cualidades de una olla a presión que se las ingenia para no explotar y más bien canalizar por la vía de la resistencia civil, sin amos ni intereses secundarios, la espontánea necesidad de muchos de hacer -ante el abuso de poder y la anomia institucional- algo.

Las protestas han tenido una primera batalla ganada al arrancar al  conservador y debilitado Comité pro Santa Cruz del silencio para pronunciarse a favor de realizar una marcha, algo bastante lejano a sus pasadas glorias que una vez convocado, llevaban al departamento de Santa Cruz al paro. Son otros tiempos, está claro, en los que un paro de 24 horas trae más perjuicios a la población que beneficios, particularmente en una sociedad hastiada de los bloqueos pero también es cierto que no existe la fuerza de otrora para cumplirlo ni perfila algún cambio en la suerte echada por los seis magistrados días antes de la finalización de su mandato.

En todo caso, la marcha convocada ha sido para el 15 de diciembre. Vaya vueltas que da la historia. Justamente el Día de la Dignidad, el día que José Gutiérrez Gutiérrez, líder del Comité de Socios, hace 20 años, levantaba junto a 15.000 cruceños la bandera roja de esa causa.

 

 

1Comment
  • Blanca
    Posted at 08:45h, 07 diciembre Responder

    Mujeres al poder!!! resistencia!!!

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