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  • La casa en el mango
No llorés, ma. Me pediste riendo mientras contabas a la familia que me lo habías pedido también en el aeropuerto, cuando viajabas a Alemania de intercambio escolar, a tus 16 años. Aquella vez aguanté para darte el gusto y no pude: mi bebé tenía alas y volaba por su cuenta. ¿Cómo explica la razón al corazón, a las entrañas, para que dejen de contraerse de angustia? Las madres son más fuertes ante el sufrimiento, las enfermedades, el dolor, los obstáculos y los contratiempos porque han experimentado esa sensación incomparable de pérdida, de casi amputación. Lloré a moco tendido cuando volvió Ignacio de aquel viaje.
Pasan casi tres años de cuando apareció en mi correo virtual y en nuestra historia, José Luis Vicente Gregorio Elcuaz Simón y su fabuloso oficio de vocación de elaborar el árbol genealógico de la familia Elcuaz, de los mayorazgos navarros, del pueblo con nombre del apellido, del tatarabuelo suscriptor de los Fueros, de las partidas de bautismo en las antiquísimas iglesias aldeanas y de buscar cuanta rama y descendiente encontrara sobre la Tierra.