10 cosas que no sabías de Percy Fernández

A partir de los grandes personajes, héroes y villanos, la historia hilvana las gestas. Así se ha entendido por qué la historia no se reduce a datos y hechos aislados, sino a la narrativa de determinadas épocas, las idas y las venidas, los vaivenes de sus protagonistas .

El espíritu humano detrás de los episodios que marcan el progreso y el desarrollo de los pueblos ha desafiado las barreras, enfrentándose a lo imposible, surcando océanos, traspasando cordilleras, sobreponiéndose a la rutina, a lo acostumbrado y, por supuesto, a lo esperado, viendo un poco más allá de lo cotidiano.

Son estos personajes que dan lugar a mitos y leyendas, que despiertan las más amplias pasiones, entre el desprecio y la admiración, pero nunca la indiferencia, quienes en definitiva son, al final de cuentas, individuos de carne y hueso como cualquiera de nosotros.

Mortales, falibles, llenos de contradicciones, de aciertos y de defectos, los distingue la capacidad de sobreponerse a todas sus limitantes para cambiar el curso de la historia. Tendemos a colocarlos en un pedestal o arrojarlos en una hoguera, como si fuesen seres sobrenaturales, pero ríen, lloran, pecan, aciertan, yerran, sangran y mueren como todos.

Percy logró erigirse en el gran constructor de la Santa Cruz moderna. Como todo personaje histórico, la mirada corta de sus contemporáneos le menoscaba méritos pero nadie podrá negarle en un futuro menos cargado de puntos de vista condicionados, el capítulo local fundamental que le corresponde en la conversión de la ciudad conservadoramente proyectada hasta los años 70, superada con creces y transformada en la ciudad estrella, caótica y cautivante, del nuevo milenio.

Hay que recorrer los interminables barrios cruceños que han crecido y se han sobrepoblado a lo largo de los últimos 30 años y que han duplicado largamente la población de la que se hizo cargo Percy, cuando aceptó postularse por primera vez al cargo de Alcalde de Santa Cruz de la Sierra, en agosto de 1989.  Fuera de los servicios de energía eléctrica, agua potable (bastante menos de alcantarillado) y telefonía, que todos se pagan o se cortan mensualmente, las únicas obras y servicios que recibieron por igual los habitantes pobres, ricos, nativos y migrantes de la ciudad, son los provistos por una gestión municipal de prácticamente dos décadas discontinuas bajo su conducción.

Se puede disentir en muchas cosas con respecto a su figura, pero no en su carácter de figura histórica. Pudo retirarse en la cúspide de su extensa trayectoria, sin embargo, sus condiciones humanas lo han mantenido con los pies en la tierra:  Llano, sencillo, humanista y espontáneo, en lo bueno y en lo malo, en la risa y en el enfado exaltado. Los años, la experiencia acumulada y los procesos históricos transcurridos lo han colocado en un sitio de observación que, como en su juventud y en su madurez, muy pocos saben predecir si su silencio es de cavilación, reflexión o si, en un arranque de euforia, va a estallar de entusiasmo o de cólera.

Es el último de los grandes patriarcas del fin de la Santa Cruz de 400 años de soledad. El artífice del otro discurso, sin dobleces y sin esconder detrás del cliché de la “locomotora de Bolivia” y de que “Santa Cruz no se rinde ante la crisis”, de que había que hacerse cargo de lo que el Estado nacional -ese Estado central lejano, ajeno y burocrático- había olvidado de reconocer y solucionar para la mayoría de los habitantes, mayoría que ya estaba afuera del segundo anillo, desprovistos de la infraestructura pública con la que, por ejemplo en ese entonces, contaba la ciudad de La Paz.

Es el último de los grandes de ese glorioso siglo XX que con él se va definitivamente. También con él se va, el último cruceño vivo líder de masas.  Quizás porque es un sencillo cruceño, que se aferró a su formación y a su vocación, en medio de una sociedad costumbrista y aislada, desde la que proyectó su visión de futuro ocupándose de lo que pocos se preocupaban, me uní hace treinta años a la idea de un proyecto de trabajo que era imposible de pensar en democracia sin su liderazgo.  Todo lo que aprendí y viví fue extraordinario. Los desacuerdos, con el paso del tiempo, nos distanciaron sanamente y nos permitieron a cada cual su propio camino, no sin estar -cada vez que hizo falta- lealmente, en las buenas y en las malas, con los oídos abiertos a su llamado.

He aquí algunos de esos detalles cotidianos que nos hacen entender al gran personaje. Lo que nos explica por qué sus «queridos vecinos» lo siguen, lo evocan, lo aclaman y lo siguen queriendo aunque sea en estampita, contento o bravo, a pesar de los pesares, simplemente porque nadie, ningún político, le llegó a tanta gente con la autenticidad de un ser humano.

 

Percy y el tractor amarillo, un icono inolvidable de la campaña electoral municipal del verano de 1993

 

10 cosas que no sabías de Percy Fernández (*)

 

Comunicación transaccional.

El análisis transaccional es un conjunto de técnicas para el relacionamiento grupal, que parte de una filosofía humanista y una teoría de la personalidad para comprender el mundo y abordarlo desde la capacidad de sentir, pensar y actuar al servicio del bien común.

Percy hizo un curso corto que se dio en Santa Cruz a fines de los años 70. A su natural carisma, le sumó la observación de las personas que fue conociendo a lo largo de la vida ubicándolas mentalmente en una clasificación por su respuesta a los sentidos: más visual, más auditiva, más sensible al tacto, para establecer una empatía mayor en la comunicación interpersonal.  Por eso llamaba la atención, lo que era una invasión al metro cuadrado de la persona que se sentara a su lado o que lo visitara a conversar, hombre o mujer, cuando de inmediato le tomaba la mano o el brazo.

 

Sin medias.

Percy no usó medias durante muchos años, hasta que le fueron prescritas por razones médicas. La diabetes lo obligó a abandonar sus viejos y amoldados mocasines que lo acompañaron recorriendo kilómetros de campañas electorales, obras civiles y salidas a los barrios como Alcalde,  por medias comunes y zapatos ortopédicos que protegieran sus pies.

Tampoco le gustaba ponérselas para los actos oficiales en 1990, durante su primera gestión como Alcalde. Le daba vueltas, le incomodaba y volvía a los mocasines. No quería reconocer que a los 50 años ya le costaba ponérselas por el desgaste de sus fémures, que mucho después derivaron en la operación y reemplazo de una de las caderas.

 

La cadera que le impide caminar.

Percy detesta a los médicos cuando le toca que lo atiendan, aunque los admire emocionado hasta las lágrimas, igual que a los bomberos y los rescatistas, por su valentía para ejercer la profesión de salvar vidas. Piensa que, como los dentistas, muchas veces hacen lo que quieren con la humanidad del paciente. Le molesta tener que confiar en diagnósticos ante los que la persona se encuentra indefensa y sin posibilidad de retrucar. La prueba de lo contrario fue la operación exitosa que lo salvó de un aneurisma en la aorta a mediados de 2007 y la prueba contraria, la que le dio la razón que nadie quería, fue que no quedó bien su pierna después de la operación de cadera.  Automáticamente descartó cualquier posibilidad de volver al quirófano a realizar el reemplazo de la otra cabeza de fémur, por lo que prefirió caminar mal y dolorosamente de por vida antes que darles el gusto (según él) de condenarse a una silla de ruedas.

 

La prensa.

Desconfía de quien no tiene suficiente método y ciencia, en todo. Su mente matemática, así y todo, ha sido su mejor cataplasma para un espíritu libre y un carácter explosivo.  Con todo lo conversador que es, enseguida mide a su interlocutor y si no encuentra empatía, veracidad u honestidad intelectual, da por terminado mentalmente el intercambio de ideas.  Le resulta intolerable que mientras una persona hace el uso de la palabra, otra esté cuchicheando, haga ruido, interrumpa o se distraiga como si no le importara lo que se está diciendo.  Es imposible que tenga un discurso hecho para cada pregunta y se concentra en aproximarse a brindar una contestación con contexto. Por eso, nunca se entendió con la prensa porque los cuestionamientos le requieren tiempo de pensar y no se conforma con su propia respuesta de reacción o la que le aconseja el responsable de campaña de turno.  Considera una falta de respeto la repregunta o el cambio de tema si no ha terminado de responder lo que se le ha consultado.  Su línea de pensamiento es que si los políticos o las autoridades tuvieran todas las respuestas resueltas a las preguntas del día, el mundo no tendría problemas.

 

El tractor amarillo.

¿Cómo se muestra que un candidato carismático es también el ingeniero civil que precisa una ciudad que crece a razón de 5% anual, que sus barrios llegan al 4º anillo con calles de arena y polvo y sólo tiene pavimentados unos cuantos km2 hasta afuera del primer anillo?  Mitito Parada, montereño ocurrente y trabajador, leal militante del percismo de los años 90, apareció con el tractor amarillo y un cassette con la canción pegajosa que fue el hit del verano político cruceño del 93. Percy recorrió toda la ciudad en su descapotable, día a día, en aquella campaña, manejando el tractor amarillo y prometiendo a los vecinos que le aplaudían a su paso, que todos esos trayectos serían pavimentados. Arrasó. Introdujo el pavimento rígido por primera vez en Santa Cruz de la Sierra, donde sólo se había visto el enlosetado o algunas avenidas asfaltadas, y cumplió.

 

Becado por su hermano mayor.

Pablo Fernández, abuelo del actor e “influencer” Pablo Fernández Amelunge, era el hermano mayor de Percy. “Era mi hermano y mi padre”, dice Percy, “mi hermano rico, trabajador, un ejemplo para todos nosotros, los hermanos menores.” Fue gracias a Pablo Fernández que el hermano menor e hijo póstumo del padre de ambos, pudiera viajar recién egresado de bachiller del Colegio La Salle a la ciudad de Córdoba, República Argentina, a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad pública. Era un lujo de la época. Con 25 dólares enviados mes a mes, Percy logró el título profesional con grado máximo que lo acompaña enmarcado desde 1963, en la pared de cada oficina pública o privada que ocupa.

 

El Vice que no fue.

Dos veces pudo ser Vicepresidente de Bolivia pero los perfiles diseñados por los asesores de campaña de Gonzalo Sánchez de Lozada definieron a Víctor Hugo Cárdenas y Carlos de Mesa, como acompañantes de fórmula en cada postulación del dos veces presidente boliviano. Fue consultado sobre su interés y avisado de que su invitación dependía de esos factores.  El destino le tenía reservado otro camino.

Sin embargo, sin Percy en campaña en Santa Cruz por el jefe nacional del MNR, posiblemente la historia no hubiera sido la misma.  En 1993 y en 2002, 45 días antes de las elecciones generales, un Goni flemático y pragmático lo llamó a salir a los barrios cruceños para levantar el apoyo a su candidatura: sin un mayor porcentaje de votos en Santa Cruz a favor de cada binomio, respectivamente, ganar y con lo suficiente, se hacía cuesta arriba.  Especialmente en 2002, Percy acuartelado en su colegio, después de perder por segunda vez las elecciones municipales, volvió a subir a los camiones de campaña durante 30 días, cada mañana, cada tarde y cada noche, apoyando a también a cada dirigente emenerrista que era candidato uninominal por cada circunscripción cruceña.

 

Queridos vecinos.

En 1992 el Canal 11 Televisión Universitaria, ofreció un espacio al Alcalde para exponer sus planes de gestión y responder a las cartas que le enviaran los vecinos.  “Una hora con Percy” fue el nombre que él mismo eligió para su programa televisivo, el cual le generaba una gran satisfacción por poder dirigirse a la población sin la intermediación de un micrófono y una cámara que le limitaran o le editaran la libertad de expresión. “Buenas noches, queridos vecinos” era el saludo que a lo largo de un año encendía, en el sentido amplio del término, cada lunes las pantallas de los televisores cruceños.  Era el mismo saludo que conectaba a Percy con la población en cada salida del programa de acción municipal “La Alcaldía se va a los barrios con Alcalde y todo” y en cada acto barrial de campaña municipal. Queridos vecinos y una enorme sonrisa.

 

Servidor y amigo.

La Biblia del Alcalde y del ciudadano, para Percy, es la Constitución Política del Estado. El ejemplar que lo acompaña hasta hoy, que es el texto de la Carta Magna de 1967, comenzó a subrayarlo en 1989.  A pocos objetos los guarda con tanta estima: su Constitución para establecer diálogo sobre cualquier tema y con cualquier autoridad e institución pública y privada; la guitarra y el cigarrillo, si se trata de amigos (odia el alcohol); la pizarra y los datos, cuando hay que desmenuzar un tema. En 1992, redactando en voz alta una de sus tantas cartas públicas de invocatoria, convocatoria, petición, posición o invitación, en las cuales se refería a sí mismo como el Alcalde que suscribe la presente, le inquietaba la formalidad y la frialdad de la despedida con un “atentamente” o “sin otro particular”.  Soy el Alcalde, soy un servidor público y además, en este pueblo, todos nos conocemos, todos somos amigos. Servidor y amigo, que sea, dijo, porque es así.

 

Querido.

Percy no tiene apodos conocidos, salvo los ocasionales atribuidos en razón de las circunstancias: «loco Percy», ha sido el más común entre sus más allegados, y «querido Alcalde», el más popular, consignado por los vecinos desde los años 90.

En el barrio de la Capilla, a media cuadra de la parroquia Jesús Nazareno, nació y se crió junto a su madre, su tía y sus hermanos. Fue su “mamita Piedades” quien lo llamaba de “Querido”, en vez de su nombre de pila.  Así también lo suele llamar su hermano un año mayor, Herman Fernández.  Percy solía ir al campo en sus primeros tiempos de ingeniero de obras mayores y volvía a su casa muchas veces casi en calzoncillos porque repartía hasta lo que tenía puesto entre la gente pobre que encontraba y no conocía. “Querido…”, le decía su madre en un tono más orgulloso que de reproche.

 

(*) Del libro inédito “Querido”, la biografía de Percy Fernández, escrita por Gabriela Ichaso

 

 

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