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  • Abu Gabu
  • Para que conste en acta
No llorés, ma. Me pediste riendo mientras contabas a la familia que me lo habías pedido también en el aeropuerto, cuando viajabas a Alemania de intercambio escolar, a tus 16 años. Aquella vez aguanté para darte el gusto y no pude: mi bebé tenía alas y volaba por su cuenta. ¿Cómo explica la razón al corazón, a las entrañas, para que dejen de contraerse de angustia? Las madres son más fuertes ante el sufrimiento, las enfermedades, el dolor, los obstáculos y los contratiempos porque han experimentado esa sensación incomparable de pérdida, de casi amputación. Lloré a moco tendido cuando volvió Ignacio de aquel viaje.